El matrimonio entre Carolina de Mónaco y Ernesto de Hannover, celebrado en 1999, fue visto como la unión de dos importantes linajes europeos. Fue uno de los enlaces más destacados de las monarquías europeas. Sin embargo, lo que en su momento parecía un cuento de hadas, con el tiempo se convirtió en una historia llena de intereses ocultos. Tras más de 15 años de separación, siguen sin firmar el divorcio, y la razón principal no sería sentimental, sino puramente estratégica.
Aunque el matrimonio nunca ha sido oficialmente disuelto, la relación entre Carolina y Ernesto se ha visto marcada por constantes controversias y conflictos. Ernesto de Hannover es conocido por su temperamento irritable y sus problemas con el alcohol, lo que ha provocado numerosos escándalos que han sido captados por los medios. Su actitud hacia la prensa y su incapacidad para manejar la atención mediática han sido un factor clave en el distanciamiento de la pareja.
La Iglesia católica es el argumento ‘oficial’
El vínculo religioso ha sido uno de los argumentos en la negativa de Carolina a divorciarse. La familia Grimaldi pertenece a la Iglesia Católica, que tradicionalmente no reconoce el divorcio, lo que podría haber influido en su decisión de mantener el matrimonio legalmente vigente, a pesar de la evidente separación entre ambos.
Sin embargo, varias fuentes han asegurado en los últimos años que el motivo de que no se divorcien es que Carolina quiere conservar el título de princesa de Hannover, un rango de mayor prestigio que el de princesa de Mónaco. Gracias a su matrimonio con Ernesto, ha podido ostentar el tratamiento de Alteza Real, un estatus que la distingue en la nobleza europea y que también heredó su hija pequeña, Alexandra de Hannover.
Separados pero no divorciados, ¿por qué?
Pero eso no es todo. Más allá del título, el divorcio significaría perder ciertos derechos y privilegios dentro de la familia Hannover, una de las casas reales más antiguas de Europa. En caso de ruptura oficial, las propiedades y el legado de la familia quedarían bajo el control de Ernesto Jr., el hijo mayor del príncipe, dejando a Carolina sin acceso a estos beneficios. Este factor podría haber sido determinante en su decisión de mantener el matrimonio en términos legales, a pesar de que en la práctica lleven vidas completamente separadas.
Mientras tanto, los hijos de Ernesto de Hannover parecen aceptar la situación sin mayores conflictos. A lo largo de los años, la pareja ha mantenido una convivencia cordial y discreta, dividiendo su tiempo entre Mónaco, París y las propiedades de los Hannover en Alemania.