A lo largo de su vida, Sofía de Grecia, reina emérita de España, ha sido una figura discreta y entregada a la Corona. Pero ello le ha costado unos cuantos disgustos que han mermado su salud física y mental, acentuando los efectos del paso de la edad. A sus 87 años acumula episodios muy duros que, además, han sido dominio de la opinión pública.
Por ejemplo, los desprecios y humillaciones constantes sufridos a manos de Juan Carlos I. Durante décadas, soportó infidelidades. El último golpe, las fotos que dieron la vuelta al mundo en las que el emérito aparece dándose el lote con la vedette Bárbara Rey.
Los peores momentos de la reina emérita Sofía
El distanciamiento producido entre sus hijos en los últimos años también ha sido especialmente doloroso. De hecho, Sofía le ha suplicado a Felipe VI que cumpla su ilusión de volver a ver juntos a sus hijos y todos sus nietos. Algo que, a priori, parece que no ocurrirá. Las grietas en la familia son demasiado profundas. Hace tiempo que llegaron a un punto de no retorno.
Asimismo, la muerte hace unos pocos meses de su hermano, el exrey Constantino de Grecia, así como el deterioro de la salud de su hermana, Irene de Grecia, también han sido golpes muy duros. De hecho, ver como Irene se apaga y cada vez queda menos de ella la tiene sumida en una profunda tristeza.
Todo ello la han llevado a reflexionar sobre su propio destino. Consciente de que el final de su vida se acerca, ha dejado algunas peticiones para cuando no esté. Y entre ellas aparece la que tiene que ver con su entierro.
Sofía quiere pasar la eternidad lejos de Juan Carlos I
Lejos de los protocolos de la monarquía borbónica, Sofía ha expresado su deseo de ser incinerada y que sus cenizas sean esparcidas en el mar Egeo, su lugar de origen. Este gesto simboliza su conexión con Grecia. Y no solo eso: también de distanciarse de Juan Carlos I incluso en la muerte. Su última voluntad no solo es un mensaje de independencia, sino también un símbolo de la vida que no pudo elegir mientras formaba parte de la Casa Real.
Esta decisión contrasta con la de Juan Carlos I, quien, a pesar de su exilio en Abu Dabi, los escándalos de corrupción que han manchado su legado y el poco respeto que ha mostrado a los españoles al esquivar a toda costa tributar su riqueza en España, sigue aspirando a un entierro con honores en El Escorial. El rey emérito sueña con un homenaje digno de un gran monarca, similar al de la reina Isabel II de Inglaterra, esperando ser recordado con una grandeza que nunca se ganó.