Juan Carlos I preocupó a todos por su estado de salud al ausentarse de las regatas en Sanxenxo la semana pasada. El emérito iba a participar con el Bribón y estaba todo listo para su presencia, un caluroso recibimiento que no pudo efectuarse porque el mismo día se confirmó que no viajaría a Galicia. Sorprendió que el avión despegase de Abu Dabi, pero no aterrizó en España, sino en Ginebra. Al parecer el padre de Felipe VI había programado una intervención de urgencia con los médicos del Hospital La Tour, donde le tratan de sus problemas de movilidad. Aunque ha sido éste el único motivo. Se tuvo que cambiar las pilas del marcapasos, una sencilla operación de una hora con anestesia local. No obstante, por su avanzada edad debió quedarse unos días en observación.

Entre tanto, el emérito también ha recibido una de sus peores noticias. Se le han hecho nuevas pruebas sobre su movilidad, y es que el tratamiento de medicina regenerativa al que se sometía ya no funciona. Su artrosis avanza y la pierna izquierda está totalmente inmóvil. Deberá quedarse en una silla de ruedas hasta el fin de sus días. Una noticia que ha caído como un jarro de agua fría. Ha pasado de ser un rey todopoderoso y gozar de inviolabilidad a ser una persona dependiente.
En estos momentos tan complicados no ha estado solo. Las infantas Elena y Cristina están en Ginebra con él, y Felipe VI viajó el miércoles a Suiza, un viaje relámpago para estar presente durante la intervención. Allí se reencontraron con el verdadero amor de su padre, Marta Gayá, con quien según Pilar Eyre llevaría cuarenta años de relación. Así que habría sido infiel con la mallorquina al resto de mujeres, y no solo a la reina Sofía, que ella ya era consciente de estos engaños.
Marta Gayá se ha beneficiado por su silencio
Como a otras amantes, Juan Carlos también ha premiado a Marta Gayá por su actitud y su silencio. Siempre le ha mostrado fidelidad y eso que ha recibo miles de ofertas por millones de euros para hablar de esa relación. El emérito le regaló una casa en Suiza que sería donde vive en la actualidad, y donde el padre de Felipe VI se instala todas las veces que viaja al paraíso fiscal.
El apartamento se encuentra en Cologny, muy cerca de Ginebra, cerca del Lago Leman. En el año 2007 Juan Carlos I le regaló este apartamento a la decoradora y se ha convertido en su refugio.
Pero no es éste el único regalo. Juan Carlos I envió dos millones de dólares de las cuentas Suizas a la empresaria. Esto sucedió en el año 2012, a la vez traspasó 60 millones a Corinna Larsen.
