Letizia ha vivido un único drama en su vida, ya dentro de la Familia Real: el suicidio de su hermana pequeña Érika a los 31 años dejando una niña huérfana con 6 años, Carla Vigo. Este es el punto de la biografía de Letizia que más la ha marcado. Mucho más profundamente que estar casada con Felipe. Eso lo puede dejar atrás cuando quiera, se divorcia y seguirá siendo la madre de la treina Leonor. Pero el agujero al alma que supone la muerte voluntaria de una hermana que sufría depresión no se va nunca. Lo más extraño es que Letizia no haya convertido este drama en una fortaleza, en una causa por abanderar como Primera Dama: la lucha contra las enfermedades mentales. Ha preferido alinearse con las enfermedades minoritarias, los países del 3r mundo o la alimentación sana. Todas muy buenas causas pero ninguno tan empático como la que podría haber abanderado pensando en Érika, incluso creando una Fundación con el nombre de la hermana muerta. En cambio parece que Érika no haya existido, no se la cita en los discursos, no existe ni una sola foto pública de Leonor y su prima Carla, tan prima como los Urdangarin o los Marichalar. Parece que la depresión de Érika fue un "mal feo que no quiere ruido", como en los pueblos cuando se esconden las enfermedades. Otra pésima gestión de Letizia.

Pero ahora, por fin, una famosa periodista, Mara Torres de la SER, que ha sufrido exactamente el mismo drama que la reina, su hermana pequeña se suicidó, revela que Letizia no es de piedra. En su último libro Recuérdame bailando explica cómo al saber que compartían esta desgracia familiar Letizia quiso ponerse en contacto con Mara Torres para regalarle una frase surgida de su experiencia personal con Érika. Una frase que ha revelado en una entrevista a Noticias Cuatro y que reconforta, no solo a Mara Torres sino a todos los ciudadanos que asisten atónitos a este espeso e incomprensible silencio de la reina sobre el suicidio de Érika.

Mara Torres recibió el 16 de septiembre de 2013 una llamada a las 18:30 de un amigo de su hermana diciéndole que había pasado una cosa muy grave: que la hermana de Mara Torres, Alicia, se había suicidado con 33 años. Casi la misma edad que Érika. Mara Torres se emociona a cámara: "Yo empecé a llorar todos los días a esa hora, a las 18:30. Estando en la radio, en el trabajo, en el supermercado. Lloraba cada día a las 18:30 de la tarde. Creí que cada día lloraría a esa hora". Pero Letizia le dijo a la periodista: "Un día dejarás de llorar. Una familia que está unida también se recupera de esto y vuelve a estar feliz. Un día ya no llorarás a las 18:30 horas de la tarde". Y así fue. La fórmula es dejar pasar el tiempo y unir a la familia. Cuando Mara Torres estaba en la más profunda tristeza necesitaba que alguien como Letizia, alguien que había pasado por exactamente lo mismo que ella, le dijera que aquello, aquel dolor, también pasaría. Y eso la sanó.

Letizia tiene este poder. Lo podría utilizar reconfortando a cada persona que ha perdido un ser querido por suicidio. Sería muy potente, empatizaría todo el mundo con ella. No como los que lo han perdido todo por una riada. Letizia va, los saluda y vuelve a Palacio. No es lo mismo su poder hablando en primera persona. Pero eso dejaría a Letizia como vulnerable. Según su primo David Rocasolano, la reina prefirió poner aquel drama en un cajón y no hablarlo nunca en público. Una herramienta como cualquier otra pero que arruina el gran poder curativo que tendría si ayudara a personas como ella. Letizia, antes ella que los otros. Así es su reinado: muy profesional y poco humano. Mara Torres pudo recibir su calor. Ya es más que nada.