Los culés no podemos estar más felices por lo que está pasando esta temporada. Desde que llegó Flick al banquillo, el Barça es una máquina. Una máquina de jugar bien, de marcar goles a tutiplén (casi en la mitad de los partidos de esta temporada ha marcado 4 goles o más, una auténtica barbaridad), de ganar (el equipo está imbatido en este 2025, y con 'Chesny' en la portería todavía no conoce la derrota) y de optar a todos los títulos posibles. Los aficionados blaugranas ya salivamos con la posibilidad de un triplete, ganando Copa, Liga y Champions. De momento, pinta muy bien la cosa: en la final de Copa contra el Madrid en Sevilla el 26 de este mes, líderes en la Liga con tres puntos de ventaja sobre el conjunto blanco y en cuartos de final de la Champions donde espera el Borussia de Dortmund.
Euforia en el vestuario del Barça, de jugadores, técnicos y aficionados, sonrisas y unos futbolistas que de la mano del técnico alemán van como motos. En algunos casos, es absolutamente sorprendente el nivel que están demostrando esta temporada. Jugadores que el verano pasado muchos culés hubieran envuelto de regalo, con un lacito, y los hubieran vendido o casi regalado, este año parecen candidatos a ganar el Balón de Oro. Hombres por quien ningún aficionado daba un duro, hoy son imprescindibles. La lista es larga: Koundé, Íñigo Martínez, Balde, De Jong, Lewandowski, Raphinha y un largo etcétera. Niños del plantel que parecen veteranos y juegan como los ángeles, como Cubarsí, Casadó, Fermín o Lamine Yamal, futbolistas descomunales como Pedri... Y no nos olvidemos de un nombre que tiene a todo el mundo con los ojos como platos: Ferran Torres.
El delantero valenciano, como el ave Fénix, ha resurgido de sus cenizas y gracias a su fuerza de voluntad, confianza en él mismo y mentalidad, ha callado bocas a todo el mundo. Un jugador señalado permanentemente, motivo de mofa para los aficionados, que nadie entendía a santo de qué se pagó una morterada por su fichaje, que ahora está demostrando que es el mejor 12.º hombre de Europa. El de Foios no desperdicia ninguna oportunidad que le da Flick, ya sea entrando como suplente sustituyendo a alguien del tridente de ataque (Lamine-Lewy-Raphinha), ya sea empezando el partido como titular. Siempre que juega, moja... Es lo que tiene vivir bajo el agua, como los tiburones...
Últimamente, marca siempre que juega, contra Osasuna, Girona o este miércoles consiguiendo el único gol del partido en la victoria en el campo del Atlético de Madrid en el Metropolitano en la Copa. Y eso si miramos solo los últimos tres partidos, porque lleva unas semanas mojando cada vez que juega. Alguien que celebra los goles poniéndose dos dedos en la sien, incidiendo en su mentalidad ganadora, y a quien todo el mundo conoce como 'El Tiburón'. Atrás han quedado los cachondeos comparándolo con otros pececillos más inofensivos. Ahora, se ha ganado a pulso ser un escualo del fútbol. ¿De dónde le viene, sin embargo, este apodo? ¿Por qué lo escogió? Hace un tiempo dijo que “Es la mentalidad que siempre he tenido y que ahora ha dado sus frutos porque dentro del campo se refleja. La gente solo ve el Ferran de los 90 minutos en el campo. Nadie sabe lo que llevamos detrás, las horas de entrenamientos, con preparadores físicos, las horas de entrenamiento con preparadores físicos, de psicólogos, de descanso, o de alimentación. Quiero mostrar que, aunque no te salgan las cosas, sufras muchas críticas o nadie confíe en ti, tienes que llevártelo al lado positivo y que te motive”.
Un tiburón encantado de la vida con este mote. Pero realmente, la cosa tiene un curioso origen. En conversación con Jordi Wild, Torres explica que "todo empieza con una entrevista muy graciosa de (Ilia) Topuria", reconocido aficionado del Real Madrid, donde le preguntaron por un rival temible, Alexander Volkanovski, "le dijeron que si tenía que luchar contra los peces grandes y tal... y Topuria, seguro de sí mismo, cómo no, responde: 'Aquí solo hay un tiburón'. Y le contesta el reportero: '¿Quién es el tiburón? ¿Volkanovski, no?', y él: 'No, el tiburón soy yo. Los demás son unos sardinitas'".
Después de eso, "se lo conté a mi grupo que nos sentamos juntos en la mesa a comer en el Barça, y sin más, no le dimos bombo ni nada". Total, empieza la pretemporada, a marcar goles, "y mis compañeros son así de graciosos y empiezan a ponerme tiburones en Instagram cuando subo fotos. La bola se fue haciendo más grande hasta que a día de hoy me creo con mentalidad de tiburón".
mentalidad tiburón 🦈 pic.twitter.com/6Q4GayID04
— ������������ (@FcbLaura) April 3, 2025
A los pies de Ferran. En el Barça se tendrían que plantear que cuando él tenga la pelota en ataque, por la megafonía del Estadi Olímpic suene la música de John Williams en el Tiburón de Spielberg.