Jordi González y Julia Otero son dos de los mejores comunicadores que hay en este país. Y punto. Tanto el uno como la otra llevan toda la vida enamorando a los espectadores y los oyentes tanto de televisión como de radio. Han hecho de todo, tienen un talento como pocos a la hora de dirigirse al público, la cámara (y el micro) les quiere y su currículum es de los que hay que aplaudir. En el caso del de Barcelona, 3x4, La palmera, Això no és tot, Les 1000 i una, Moros y Cristianos, Vitamina N, Abierto al anochecer, TNT, Gran Hermano: el debate, Díselo a Jordi, La Noria, La Via Làctia, Hormigas blancas, Mad in Spain, Supervivientes: conexión Honduras, Lazos de sangre, D Corazón y muchos otros. En el caso de la gallego-catalana: Una historia particular, 3x4, La luna, La radio de Julia, Jocs de nit, Un paseo por el tiempo, La columna, Las cerezas, Julia en la Onda o Días de tele.


Más allá de su faceta profesional, Jordi y Julia comparten más cosas. Por ejemplo, su bondad. Todo el mundo que ha trabajado con ellos, que ha formado parte en algún momento u otro de sus equipos, habla orgulloso de su capacidad no solo de liderazgo, sino también, de empatía, de amistad y de hacer que todo el mundo dé lo mejor de sí. Son la demostración de que también se puede ser buena gente a la vez que diriges grandes equipos y conduces programas de éxito. Pero es que además, el González y la Otero tienen otra característica que les une: son amigos. Muy amigos. Amigos íntimos. Juntos las han vivido de todos los colores, se han entendido, ayudado, querido, han tenido muchas quedadas donde se han explicado la vida, muchas comidas y cenas... y también alguna situación bien peculiar, que poco se esperaban ellos dos (ni sus seguidores) que alguna vez vivirían.

Lo ha revelado un buen amigo de Jordi González, el inefable Rocco Steinhauser, en el imprescindible Versió RAC1 de este lunes, cuando estaban comentando las noticias televisivas. Ponen una frase del gran Pepe Colubi en Ilustres ignorantes, que sirve para introducir un tema encima de la mesa. Le pregunta Rocco a Toni Clapés: "A ti, con la voz tan radiofónica que tienes, ¿no te han propuesto nunca doblar películas porno?"... Silencio en el estudio y Clapés, con su voz aterciopelada, reconoce que "No..., pero hubo un tiempo que quería hacer doblaje y solo me pedían para hacer ambientes. Un director de la CCMA me dijo que tenía voz de resfriado". Escuchan a Colubi que revela que "¿Sabéis quién ha comentado que fue dobladora de porno en su juventud? Julia Otero. Lo contó ella misma, que era jovem, había que ganarse la vida y trabajó doblando porno"... "No me jodas", se oye en el programa... Y realmente, la cosa iba de eso.

Sorprendentemente, Julia dobló caiditas de Roma, situaciones erótico-festivas, y más, en sus años mozos... Y no lo hizo sola. Porque Steinhauser ha ido más allá, ha ido hasta el fondo de la cuestión, y nunca mejor dicho, y llamó a Jordi, dada su amistad, y se lo preguntó, "porque son muy amigos". Directamente quiso saber si "¿a ti te suena, Júlia, que tuviera una época doblando películas porno?". No se esperaba la respuesta...: "Sí... Y yo con ella".

Explica que fue en una época donde estaba en Ràdio Miramar y no pagaban muy bien, y alguien les dijo que doblando porno se pagaba bastante bien. Se lo dijeron el uno al otro y atención: "al final acabamos los dos doblando, al principio era muy divertido, pero después, ya nos pusimos serios, porque claro está, Julia me decía: '¡Métemela! ¡Métemela!'"... Si todavía existe esta escena, o película X, con estos dos genios poniendo las voces, puede ser un incunable. Julia y Jordi, maravillosos. O en este caso, Julia y Jordi, maravill-oh...ooh...ooooh...sooos.