Ahora es lejana, pero tanto en Catalunya como en España hubo una época de la televisión verdaderamente vanagloriosa que nunca volverá. Sin pretensiones instructivas y en ningún caso doctrinales, la pequeña pantalla de la década de los 90 descubría una nueva forma de hacer en la que solo había que juntar una buena mesa de polemistas para tener un formato que funcionara. Una era dorada en que las producciones movían millones de pesetas y los protagonistas, no solo cobraban cantidades de dinero ahora inimaginables, sino que se convertían rápidamente en estrellas del imaginario popular.

Ejemplo paradigmático del asunto fueron las inconfundibles Crónicas marcianas de Xavier Sardà. El espacio que mantuvo en vela a infinitud de espectadores del 97 en el 2005 en las noches más largas de Telecinco. La fórmula triunfal: los personajes. Entre ellos, figuras tan pintorescas como Ramoncín, Ivonne Reyes, Paz Padilla, Sonia Monroy o Coto Matamoros. Inolvidable, también, el incendiario padre Apeles.

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El 'padre Apeles' en Moros y cristianos (1997). / Telecinco

Un hombre que hizo mucha pasta pasando por prácticamente todos los estudios de tertulia lenguaraz del estado, siendo también protagonista de escándalos con mujeres como Yola Berrocal, reconvertida en reina de los 'realities' de Mediaset. Sin embargo, parece que la vida no lo ha tratado muy bien aunque lo tenía todo para quedarse a vivir en el éxito. La fama es efímera y complicada de gestionar. Hoy día, el barcelonés tiene 57 años, pero su situación vital no es nada alentadora.

Lo deja claro en su última reaparición en los medios de comunicación, en una entrevista en exclusiva para la revista Semana que demostraría la presunta fragilidad de su salud. También que, ahora retirado a Roma con el fin de "pasar mis últimos días", lamenta gran parte de sus decisiones pasadas. "Empezaron mis problemas, pero también una enorme cantidad de satisfacciones. Me cerré definitivamente la posibilidad de una carrera eclesiástica para la que estaba preparado, pero me abrí a mil otras posibilidades, a influir, a dar conferencias, a publicar libros, a viajar, a conocer a los más diversos tipos de personas", recuerda sobre su incursión en el mundo de los medios.

"Solo me preocupé por ser famoso y por hacer muy bien el trabajo que me apasionaba", dice con relación al hecho que para él el dinero no era nada importante. Un tiempo, y aunque todavía lo echa de menos, después pondría fin a su presencia en la tele. "Hubo un momento en que la televisión me pedía lo que no podía darle, así que opté por retirarme. Al principio no fue nada fácil. Lo pasé muy mal", sentencia. Instalado en la capital italiana, asegura que su salud "es muy delicada y estoy pensando más en el otro mundo que en este" además de estar esperando "encontrarme pronto con Dios".

Le preguntan el porqué de escoger la ciudad de la Fontana di Trevi y el Coliseo, y estalla la bomba. Su decisión no remite únicamente a sus ganas de salir de Barcelona porque en la ciudad condal "no hacía nada. Aparte del Liceo y el Palau de la Música, de vez en cuando, no tenía vida social". También, aprovecha la conversación con los periodistas para desbarrar contra Catalunya y el independentismo. "Estaba harto de tanto separatista y perroflauta". Duras declaraciones.

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El 'padre Apeles', en una de sus últimas apariciones en Sálvame. / Telecinco

Con Apeles nunca se sabe si será verdad eso de que ahora está más delicado o si es la enésima de los llamamientos a la atención popular. No es la primera vez que lo dice ni que se lamenta de cara la galería. Sacerdote lastimero reincidente.