Desde hace décadas, los domingos en casa de Isabel Preysler eran un ritual sagrado para su familia. Sin embargo, la tradición ha sufrido una alteración significativa: Tamara Falcó, marquesa de Griñón, ha dejado de acudir a la casa de su madre los fines de semana. La razón no es otra que la creciente distancia con Isabel debido a la presencia de Íñigo Onieva, su marido, con quien la socialité no mantiene la mejor de las relaciones.
La relación entre Tamara Falcó e Íñigo Onieva ha estado marcada por altibajos desde sus inicios. Tras la sonada infidelidad del empresario y su posterior reconciliación con Tamara, su madre, Isabel Preysler, nunca terminó de aceptar del todo la relación. A pesar de su apoyo público a la felicidad de su hija, fuentes cercanas aseguran que la madre de la marquesa sigue sin ver con buenos ojos a su yerno. La tensión se habría agravado en los últimos meses, según informan medios cercanos a la familia. Tamara, fiel a su marido, ha preferido evitar situaciones cómodas y ha decidido distanciarse de las reuniones familiares dominicales en la casa de su madre, donde la incomodidad se había hecho cada vez más evidente.
El dilema de Tamara: madre o esposo
Tamara Falcó siempre ha sido una mujer de valores tradicionales, y uno de los pilares de su vida ha sido su familia. Sin embargo, desde su matrimonio con Íñigo Onieva, la marquesa ha debido tomar decisiones difíciles para mantener el equilibrio entre su relación y su vínculo con su madre. Según fuentes cercanas, Tamara habría intentado en varias ocasiones mediar entre su esposo e Isabel Preysler, pero las diferencias entre ambos son irreconciliables. Para evitar conflictos innecesarios y momentos incómodos, la marquesa habría optado por dejar de asistir a las reuniones dominicales, las cuales eran una tradición para ella desde su infancia.
Isabel Preysler y su postura firme
Por su parte, Isabel Preysler, conocida por su elegancia y diplomacia, ha mantenido una postura discreta respecto al distanciamiento con su hija. Aunque nunca ha expresado abiertamente su desaprobación por Íñigo Onieva, su accionar indica que la relación entre ambos no es del todo cordial. La ausencia de Tamara en los tradicionales almuerzos dominicales ha sido notoria y ha despertado especulaciones en el círculo social de la familia. Se dice que la socialité ha intentado mantener el contacto con su hija en otros espacios y momentos, evitando confrontaciones innecesarias. Sin embargo, su deseo de no compartir espacio con Íñigo Onieva es algo que, por ahora, no parece cambiar.
El distanciamiento entre Tamara Falcó y su madre plantea un futuro incierto para la dinámica familiar. Mientras algunos esperan que con el tiempo las diferencias se disipen, otros consideran que la relación entre la marquesa e Íñigo Onieva podría ser un obstáculo permanente en la relación madre-hija. Por ahora, la ausencia de Tamara en casa de Isabel Preysler los domingos es una señal clara de que la tensión persiste. Queda por ver si la familia logra superar estas diferencias o si el distanciamiento se profundizará aún más en los próximos meses.