Tal día como hoy del año 1793, hace 232 años, en València ciudad se producía una revuelta popular contra el arzobispo Francisco Fabián y Fuero, que protegía y mantenía a un colectivo de más de 600 eclesiásticos que había escapado de la Revolución Francesa (1789). La situación había escalado a gran velocidad desde que, unos meses antes, había alojado en el Col·legi de l’Ensenyança (en el antiguo convento de Santa Úrsula, junto a las Torres de Quart) a un grupo de cuatro monjas ursulinas francesas refugiadas que, protegidas por el arzobispo, habían usurpado la autoridad del convento y de la escuela y malgastaban las rentas de esa institución.
El origen de aquella crisis se remontaba al principio de la década, pero se había intensificado unas semanas antes de la revuelta, cuando el rey Carlos IV había nombrado a Vicente Vera de Aragón, duque de la Roca, capitán general de València. Vera había llegado con la orden expresa de Godoy, ministro plenipotenciario de Carlos IV, de expulsar a los eclesiásticos franceses refugiados. Hacía tan solo cuatro semanas que el rey Luis XVI de Francia había sido ejecutado en la guillotina y Godoy, que quería impedir un contagio revolucionario, interpretaba que la presencia de los eclesiásticos refugiados franceses incitaba a la revuelta, pero toparía con la oposición encarnizada del arzobispo.
Según la investigación historiográfica, se produjo una algarada de grandes dimensiones que afectó todos los barrios de la ciudad. El pueblo de València señaló la figura del arzobispo como el responsable de aquella situación. Se le reprochaba que malgastara las rentas de la Iglesia, aportadas por el pueblo, en el sostén de aquella masa de ociosos y fastuosos refugiados. Y el capitán general Vera ordenó su arresto. Finalmente, el arzobispo Fabián escaparía de la ciudad, camuflado con una sotana de rector parroquial, se refugiaría en su pueblo nativo de Castilla y presentaría su renuncia irrevocable al cargo. Fue relevado por el mallorquín Antoni Despuig.