El muro proteccionista que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está levantando es una muy mala noticia. Nos retorna a las reglas de la Gran Depresión de hace un siglo y crea una incertidumbre absoluta sobre el futuro del comercio mundial. Estos aranceles pretenden fortalecer la economía y la industria norteamericanas, mediante la imposición de barreras comerciales sin precedentes, pero tienen la capacidad de perjudicar gravemente economías como la catalana, amenazan con intensificar las tensiones comerciales, creando inestabilidad, y empujan al mundo hacia una recesión económica. Además, rompe un modelo económico y comercial que ha permitido al mundo una larga época de prosperidad, de la mano de un aumento destacado del comercio internacional y de la globalización de mercados y empresas.

Los nuevos gravámenes anunciados por Trump incluyen un arancel universal mínimo del 10%, que llega al 20% para la Unión Europea y al 34% para China. En algunos casos concretos, como Camboya, se eleva casi al 50%. Las cadenas de suministro globales se verán desestabilizadas y los precios para los consumidores se encarecerán, provocando una nueva etapa inflacionista de graves consecuencias. Los mercados bursátiles y de divisas han respondido desfavorablemente a la decisión norteamericana de manera inmediata.

Las cadenas de suministro globales se verán desestabilizadas y los precios para los consumidores se encarecerán

Las exportaciones de Europa a Estados Unidos suman unos 532.000 millones de euros y las importaciones se sitúan en poco más de 330.000 millones. Pero el superávit de la balanza de mercancías a favor de la Unión Europea queda casi compensado si se agregan las transacciones de servicios. Por tanto, el déficit que alega Trump para imponer esta medida tan agresiva no es tal.

Las industrias que más pueden verse afectadas por este movimiento unilateral son la automovilística, la farmacéutica, el acero y el aluminio, la agroalimentaria y la maquinaria industrial. Aunque el impacto directo de estas medidas en Catalunya podría ser limitado en determinados sectores, como el metalúrgico, donde las exportaciones afectadas representan solo un pequeño porcentaje del comercio total, podemos sufrir un efecto rebote mucho más preocupante en el automovilístico, el farmacéutico y la construcción por el encarecimiento de materiales básicos, así como en el agroalimentario, donde exportamos grandes cantidades de vino, cava y aceite a Estados Unidos. Además, Catalunya es una región altamente dependiente del comercio internacional. La incertidumbre generada por estas políticas podría desincentivar inversiones extranjeras y frenar el crecimiento económico local. El Govern catalán y el Estado deben estar preparados para activar en cualquier momento ayudas que necesiten las empresas, tal como se hizo durante la pandemia de la Covid-19.

Aunque Europa tiene herramientas para responder con aranceles propios, no es la estrategia que debemos elegir: hay que apostar por el diálogo

La nueva era proteccionista norteamericana comporta otro peligro: que Estados Unidos decida depreciar el dólar y que China responda devaluando el yuan para continuar exportando. Si ambas potencias optan por abaratar sus divisas con el objetivo de contrarrestar los efectos de los aranceles, Europa quedaría gravemente perjudicada porque un euro fuerte encarecerá nuestras exportaciones, reduciendo nuestra competitividad en los mercados internacionales.

Ante esta situación, Europa debe actuar unida y evitar que los Estados miembros negocien bilateralmente con Estados Unidos. La fragmentación sería un error porque daría a Trump la clave para explotar las diferencias entre los países comunitarios y debilitar la posición negociadora de la Unión Europea. La unidad es nuestra gran fortaleza. Solo actuando como un bloque cohesionado podremos contrarrestar las políticas proteccionistas norteamericanas y defender nuestros intereses económicos. El ejemplo del Brexit nos debe enseñar que mantener la integridad del mercado interno europeo debe ser una prioridad absoluta. Las negociaciones deben basarse en una estrategia común que combine medidas disuasorias, como aranceles recíprocos, con incentivos para evitar una escalada comercial.

Este momento crítico ofrece una oportunidad a Europa: demostrar su capacidad de actuar como un bloque unido ante las amenazas externas

Aunque Europa tiene herramientas para responder con aranceles propios, no es la estrategia que debemos elegir. Hay que apostar por el diálogo y la negociación multilateral como muestra de madurez política y económica. La Unión Europea tiene la capacidad de liderar una respuesta coordinada junto con otros países afectados por las medidas norteamericanas. La defensa del sistema multilateral basado en reglas debe ser nuestro objetivo principal.

Las medidas arancelarias anunciadas por Trump representan, pues, un desafío sin precedentes para el comercio mundial y para economías regionales como la catalana. Sin embargo, este momento crítico también ofrece una oportunidad para Europa: demostrar su capacidad de actuar como un bloque unido ante las amenazas externas. La cohesión europea no solo es esencial para proteger nuestros intereses económicos inmediatos, sino también para garantizar la estabilidad del sistema comercial global a largo plazo. Catalunya, como parte integral de Europa, tiene mucho que ganar si priorizamos la unidad. Debemos negociar desde la fuerza colectiva, conscientes de que solo juntos podemos superar este desafío histórico.