El riesgo de apostar en la industria equivocada

- Mookie Tenembaum
- Buenos Aires. Viernes, 28 de marzo de 2025. 05:30
- Tiempo de lectura: 2 minutos
CoreWeave nació como una empresa de minería de criptomonedas bajo el nombre de Atlantic Crypto. En su momento, la fiebre del Bitcoin y otras monedas digitales convirtió a este sector en una promesa de riqueza rápida, con inversores apostando a que la infraestructura para minar criptomonedas sería la próxima gran revolución. Pero la realidad mostró su lado menos glamoroso: la volatilidad extrema del mercado, la creciente regulación y los costos energéticos en ascenso hicieron que el negocio dejara de ser viable para muchos. Fue entonces cuando CoreWeave tomó una decisión que parecía estratégica: abandonar la minería y reconvertirse en una empresa de computación en la nube enfocada en inteligencia artificial (IA).
El razonamiento tenía sentido sobre el papel. Si la IA era la nueva fiebre del oro, los centros de datos y la capacidad de procesamiento eran las herramientas para extraerlo. CoreWeave apostó con todo. Se convirtió en uno de los mayores clientes de Nvidia, acumulando cientos de miles de sus GPUs, y estableció una relación estrecha con Microsoft, firmando contratos millonarios para asegurar su capacidad de cómputo en los años venideros. La empresa creció a una velocidad vertiginosa, asegurando financiación de grandes fondos y preparándose para una oferta pública inicial valorada en 35.000 millones de dólares.
Ante grandes olas de inversión en un sector emergente, se asume que todas las empresas prosperarán por igual, pero los mercados no funcionan así
Pero en esta historia, lo que parecía un camino seguro se convirtió en una advertencia sobre los peligros del entusiasmo desmedido. Microsoft, su cliente más importante, se replanteó sus estrategias. La construcción de infraestructura para IA alcanzó niveles de inversión que incluso los gigantes tecnológicos consideran excesivos. Problemas en la entrega de hardware, demoras en los plazos y la dependencia de un solo proveedor hicieron que Microsoft cancelara parte de sus compromisos con CoreWeave. Lo que antes parecía un futuro asegurado se transformó en incertidumbre.
Este tipo de historias no son nuevas en el mundo tecnológico. Cuando se generan grandes olas de inversión en un sector emergente, se suele asumir que todas las empresas involucradas prosperarán por igual. Sin embargo, los mercados funcionan de manera distinta. Mientras que algunas compañías establecen posiciones dominantes difíciles de desafiar, otras dependen de factores que pueden cambiar en cuestión de meses. En este caso, Nvidia, ASML y TSMC ocupan un lugar casi monopólico en sus respectivos segmentos: los chips y la fabricación de semiconductores. Su control sobre la industria les da una seguridad que no tienen otras empresas más abajo en la cadena de valor.
El caso de CoreWeave demuestra lo peligroso que puede ser alejarse de esos núcleos sólidos en busca de oportunidades secundarias. Empresas sin control sobre su propio destino, dependientes de compañías con estrategias cambiantes, empleando tecnología no asentada o de fuentes de financiamiento especulativas, corren riesgos desproporcionados.
La verdadera clave no está solo en identificar la próxima gran tendencia, sino en entender quiénes tienen el control de su destino
La reconversión de compañías mineras en centros de datos para IA parecía una jugada brillante en el momento, pero subestimó la volatilidad del sector y el hecho de que la inversión en infraestructura puede sufrir ajustes drásticos cuando el mercado cambia de rumbo.
La IA es una tecnología revolucionaria con un impacto innegable en múltiples industrias. Pero la historia de CoreWeave es una advertencia sobre los límites del entusiasmo. No toda empresa que se sube a una ola de innovación logra surfearla hasta la orilla. En un mundo donde la tecnología avanza a un ritmo frenético, la verdadera clave no está solo en identificar la próxima gran tendencia, sino en entender quiénes realmente tienen el control de su destino y quiénes solo dependen del viento a favor.
Las cosas como son.