¿Seremos capaces?

- Josep Puigvert Ibars
- Barcelona. Sábado, 22 de marzo de 2025. 05:30
- Tiempo de lectura: 3 minutos
Hay un cierto consenso entre los especialistas en economía sobre el análisis de que las políticas económicas tienen cuatro objetivos: crecimiento económico, estabilidad de los precios, equilibrio exterior y pleno empleo.
No parece que nuestra política económica muestre que seamos capaces de alcanzar adecuadamente estos elementos y hacerlo de una forma equilibrada. En materia de empleo, por ejemplo, y a pesar de los datos macroeconómicos muy favorables, seguimos siendo incapaces de alcanzar los niveles de desempleo de los países de nuestro entorno y mucho menos ofrecer alternativas al colectivo, cada vez más numeroso, de personas desempleadas de larga duración.
Y no lo haremos mientras sigamos con una estructura económica a la que, por mucho que nos intenten convencer de lo contrario, no hemos sabido aplicar los cambios necesarios. Nuestro problema es que, aunque nos hemos aprovechado de determinadas circunstancias que son muy favorables en este momento coyuntural, no parece que hayamos hecho todo lo que había que hacer o que podía haberse hecho en lo relativo a reducir el impacto que en nuestra economía tienen el ladrillo y el sol. Y aunque hemos avanzado mucho en los factores que conciernen a su internacionalización seguimos suspendiendo en el impulso de la economía del conocimiento, la eficiencia en la gestión del sector público, la gestión de los procesos de formación y aprendizaje y, sobre todo, en cuanto al proceso de cambio cultural que necesitamos hacer, sin ninguna duda, para pasar de una economía subsidiada a otra basada en la iniciativa individual.
Sigamos siendo incapaces de lograr los niveles de desocupación de los países de nuestro entorno y ofrecer alternativas a los parados de larga duración
Lamentablemente, esto no se improvisa. Y aunque algunas de nuestras empresas y organizaciones estén haciendo un esfuerzo titánico en el desarrollo internacional y en la gestión del conocimiento, los retos siguen sin ser afrontados y mucho menos superados. Y me refiero a los relativos al impulso de los cambios en los sistemas de gestión de la formación y el aprendizaje, la gestión más inteligente y menos hipócrita de los flujos humanos y el desarrollo de políticas activas de empleo más eficientes. No son, sin duda, tareas fáciles, y mucho más cuando tenemos la certeza de que no disponemos de una clase política realmente interesada en afrontarlas.
Seguimos con realidades de alta complejidad que están lejos de poder ser atacadas positivamente. En contraposición a unos datos macroeconómicos favorables continuamos, si nos centramos en el ámbito del empleo, con niveles de desempleo que doblan a los registrados en otros países de nuestro entorno. Una fotografía de la situación (EPA a 31/12/24) puede ser la siguiente:
- Tasa de desempleo: 10,61%, lo que supone un total de 2,5 millones de personas. Es un buen dato en la serie histórica, pero sigue siendo una cifra que multiplica por dos a las que muestran los países de nuestro entorno.
- El número de desempleados de larga duración es de 977.000 personas, equivalente al 38% del total de desempleados. En otras palabras, tenemos, entre nosotros, casi un millón de personas cuya expectativa de acceder a un empleo es prácticamente nula.
- El número de hogares con todos los miembros en situación de desempleo asciende a 850.000. Un dato que muestra cómo la desigualdad social no ha hecho más que profundizarse en los últimos años.
Para ayudar a resolver este problema, el Gobierno se esfuerza en lanzar el mensaje de que estamos consiguiendo cambiar nuestro modelo productivo, incrementar la productividad o potenciar la cultura del emprendimiento. Objetivos muy loables, pero que exigen capacidad, esfuerzo, tiempo y cuidados. Y también un cambio de mentalidad. Recordemos que hasta hace poco hemos sido los primeros en los rankings de países de la UE relativos al concepto de “no innovación” y que seguimos suspendiendo la asignatura de la productividad.
Nuestro mercado de trabajo está enfermo y muchos creemos que adolece de una enfermedad crónica. Para su tratamiento deberíamos de poner en marcha una serie de cuidados paliativos en forma de contrato único, medidas de flexibilidad, cambios culturales en los criterios de la negociación colectiva, nuevos mecanismos de gestión en el sector público y una gestión más eficiente de las políticas activas de empleo. Pero seguimos empeñados en mostrar que no somos capaces de curarlo mientras nos ocupamos de otros asuntos.
Nuestro mercado de trabajo está enfermo y muchos creemos que sufre de una enfermedad crónica
Las curas, como venimos mostrando en la Fundación Ergon, podrían aplicarse sin grandes cambios legislativos dada la falta de voluntad y acuerdo político. Creemos que es posible introducir medidas de bajo coste, impacto inmediato y evaluación simple en las cuatro grandes áreas que hemos identificado en estas líneas: (i) innovación y modelo productivo, (ii) formación y aprendizaje, (iii) impulso a la capacidad emprendedora y (iv) sector público, políticas migratorias y de empleo. Deberíamos revelarnos colectivamente ante situaciones como las que hoy vivimos y soportamos, a título de ejemplo, en el ámbito de la llegada de inmigrantes irregulares a las Islas Canarias. ¡Un claro ejemplo de nuestra ineficiencia colectiva!
Necesitamos un esfuerzo continuado de todos y todas en la dirección adecuada. Es indudable que sin trabajar en los factores señalados no nos quedará otro futuro que ser más pobres de lo que hemos sido en el pasado y legar a las próximas generaciones una realidad que probablemente no queríamos para nosotros mismos.
¡No sé si vamos a ser capaces de evitarlo!