"¿Cómo le gustaría ser recordado?", le preguntaron en una de las últimas entrevistas que concedió, cuándo ya hacía unos años que estaba retirado de la interpretación. "Como un actor decente, como alguien que representó a los personajes que le ofrecieron con una enorme honestidad". Sabe mal, Gene, pero no; no te recordaremos como un actor decente. O no solo. La muerte del enorme Gene Hackman es la de una leyenda de Hollywood, una de las más importantes y referenciales estrellas de la historia del cine, un intérprete que marcó a varias generaciones de espectadores.
🔴 El actor Gene Hackman y su mujer, hallados muertos en su casa de Nuevo México
Su retirada por sorpresa, en 2004, nos dejó un poco huérfanos, porque su energía, su personalidad a prueba de bombas, su carisma, su fuerza, mejoraban cualquier película en la que sacara la cabeza. También Bienvenido a Mooseport (Donald Petrie, 2003), su última aparición en pantalla. Hackman explicaba la huida aludiendo a un consejo médico ("me dijeron que mi corazón no estaba en condiciones de ser sometido a ningún tipo de estrés"), pero vete a saber si no tuvo suficiente después de observar el resultado de una comedia que sin él no se aguantaría por ningún lado. Nuestro hombre decidió jubilarse sin hacer aspavientos ni enviar ningún comunicado, discretamente, el ruido ya lo haríamos sus seguidores, que ni entendíamos (ni todavía hoy entendemos) este golpe bajo. Se instaló en su casa de Santa Fe con su mujer y pasó de la actuación a la escritura de novelas históricas, y a aficiones como la pintura y la bicicleta.

Qué suerte que su trabajo nos siga haciendo disfrutar, viéndolo en alguna de las casi ochenta películas en las cuales dejó gotas, o litros y litros, de su infinito talento. "Era demasiado bueno para no actuar", había dicho de él Clint Eastwood, y si lo dice el bueno de Clint... Todos tenemos a nuestro Gene Hackman favorito. Para algunos será el hermano mayor de los Burrow y miembro de la banda de ladrones de bancos en Bonnie & Clyde (Arthur Penn, 1967), la película que lo situó en el mapa y le dio la primera de sus cinco (¿solo cinco, Academia? ¿En serio?) nominaciones a los Oscar. Para otros, el policía que persigue narcotraficantes, protagonizando una de las persecuciones automovilísticas más acojonantes nunca vistas en una pantalla en The French Connection (William Friedkin, 1971), su primer Oscar.
Habrá quien prefiera a aquel espía voyeur, obsesionado con una de las charlas telefónicas que escucha en secreto a La conversación (F.F. Coppola, 1972), o quien se quede con el cura que trata de sobrevivir en La aventura del Poseidón (Ronald Neame, 1972), filme clave de aquella ola de cine de catástrofes que hizo fortuna en los años 70. Algunos destacarán al expresidiario camorrista de El espantapájaros (Jerry Schwartzberg, 1973), al lado de Al Pacino. O, aunque fuera un rol minúsculo, su divertidísimo ermitaño ciego de El joven Frankenstein (Mel Brooks, 1974), echándole el café por encima al pobre monstruo. O el detective privado que se aburre como una ostra viendo películas de Rohmer en La noche se mueve (Arthur Penn, 1975). Para toda una generación, será para siempre el calvo, y pasado de rosca, Lex Luthor de Superman (Richard Donner, 1978) y de dos de sus secuelas.
Lo recordaremos como periodista informante de las acciones de la guerrilla sandinista en la Nicaragua de Somoza en Bajo el fuego (Roger Spottiswoode, 1983); como secretario de Defensa en No hay salida (Roger Donaldson, 1987); como agente del FBI empeñado en acabar con el Klu Klux Klan en Arde Mississippi (Alan Parker, 1988); como productor de pelis de serie B en Cómo conquistar Hollywood (Barry Sonnenfeld, 1995); como el psicópata comandante de submarino con un perrito bajo el brazo de Marea roja (Tony Scott, 1995); como el senador muy de derechas y futuro consuegro de la pareja gay formada por Robin Williams y Nathan Lane en Una jaula de grillos (Mike Nichols, 1996); como el presidente de los Estados Unidos que compagina la política con el asesinato en Poder absoluto (Clint Eastwood, 1997), o como el patriarca disfuncional de una familia disfuncional en Los Tenenbaums (Wes Anderson, 2001).

Para el firmante de este artículo, Gene Hackman será, para siempre, el entrenador de baloncesto experto en motivar a sus jugadores, y su asistente alcohólico, en la maravillosa Hoosiers (David Anspaugh, 1986). Y el corrupto y sádico sheriff de Sin perdón (C. Eastwood, 1991). "Acepté Hoosiers en un momento en que estaba desesperado por conseguir dinero. La hice por las razones equivocadas y resultó ser una de aquellas películas que se quedan en el recuerdo de mucha gente. No esperé nunca que tuviera el éxito que tuvo", diría de la primera. Curiosamente, tampoco tenía muchas ganas de participar en la segunda, por la naturaleza violenta del guion, sin embargo, gracias al cielo, Clint Eastwood lo convenció explicándole que, justamente, se trataba de un western que, entre otras cosas, quería generar conciencia sobre el peligro de las armas de fuego. Afortunadamente, Hackman acabó diciendo que sí, construyó a un malvado inolvidable y se llevó su segundo Oscar.
"Me encantaba el proceso creativo de intentar dar vida a un personaje. Y después, filmando, actuando, me invadía una especie de sentimiento, una confianza, una maravillosa sensación de bienestar. En cambio, la parte comercial del mundo del espectáculo es bastante perversa. Pasas de intentar ser una esponja, en términos de aportaciones de otros actores y del director y de todo aquello que te rodea, a reuniones de trabajo con agentes y productores... A mi edad y con mi salud, decidí que ya no quería hacer este tipo de cosas", explicaría. Nada que decir, Hackman se había ganado a pulso hacer lo que le diera la real gana. No hay que añadir más que su respuesta cuando, en la misma entrevista que citábamos al principio de este artículo, alguien le pidió una frase que resumiera su trayectoria profesional: "Lo intentó". No, Gene, no lo intentaste. ¡Fuiste el puto amo!