Londres, 5 de noviembre de 1605. Hace 420 años. La Guardia Real desarticulaba una trama criminal formada por varios personajes que tenían la misión de hacer volar el Parlamento inglés. Este atentado tenía que perpetrarse al inicio de la sesión inaugural de la legislatura, prevista para el día 15 y con la presencia del monarca, el rey Jaime I de Inglaterra y VI de Escocia. La detención de Guy Fawkes en los sótanos del Parlamento, custodiando una carga de 36 barriles de pólvora —introducida clandestinamente—, y su traslado y posterior interrogatorio en las mazmorras de la Torre de Londres, revelarían que formaba parte de un grupúsculo ultracatólico que, previamente, había sido captado por los servicios de espionaje de la monarquía hispánica.

Palau de Westminster (siglo XVI). Fuente Parlamento de Inglaterra
Palacio de Westminster (siglo XVI) / Fuente: Parlamento de Inglaterra

El Espía Mayor del Reino

El Espía Mayor del Reino era un organismo creado en 1599 por el rey hispánico Felipe III y por su ministro plenipotenciario Francisco de Sandoval y Rojas, duque de Lerma. Para poner en contexto a estos personajes, diremos que Lerma sería el inventor y el primer gran beneficiario del fenómeno especulativo de la burbuja inmobiliaria (1601-1606), y que Felipe III decretaría la expulsión de los moriscos hispánicos y provocaría la mayor crisis humanitaria del siglo XVII europeo (1609-1611). Pero antes, crearían la figura del Espía Mayor del Reino, y el organismo que de él dependía, con el objetivo de desestabilizar —con cualquier tipo de métodos y de recursos— a los enemigos de la monarquía hispánica. El primer titular de las cloacas hispánicas sería Juan Velázquez de Velasco y Enríquez.

Las cloacas hispánicas se infiltran en Inglaterra

El 10 de junio de 1605, cinco meses antes del atentado de Londres y después de veinte años sin relaciones diplomáticas, llegaba a Londres el embajador hispánico Pedro de Zúñiga y de la Cueva, que había tenido un papel destacado —junto con el Espía Mayor del Reino— en las negociaciones de Sommerset (1604) para poner fin a la Guerra hispano-inglesa (1585-1604). Zúñiga llegaría con la misión de consolidar la paz y, al mismo tiempo, de crear una red de activos al servicio de la monarquía hispánica. Amparado por su, aparentemente honorable, condición diplomática, urdiría la captación de un grupo de ultracatólicos ingleses dispuestos a todo para exterminar el poder inglés, representado —en ese momento— por un rey calvinista y por una cámara de mayoría anglicana.

Representación coetánea de los integrantes de la Conspiración de la Pólvora con sus nombres. Fuente National Portrait Gallery
Representación coetánea de los integrantes de la Conspiración de la Pólvora con sus nombres / Fuente: National Portrait Gallery

¿Quiénes eran los activos captados por el Espía Mayor y por el embajador?

Un grabado coetáneo (1606), revela que el grupúsculo ultracatólico captado y articulado por las cloacas hispánicas estaría formado por el líder Robert Catesby, el detenido Guy Fawkes, y Thomas Bates, Thomas Percy, John Tresham, John Grant, Robert Winnyard, Robert Keyes, Everard Digsby, Ambrose Rookwood, los hermanos Robert y Thomas Winter, y los hermanos Cristopher y John Wright. ¿Qué tenían en común estos personajes? Pues que eran individuos que se movían en los entornos más radicales del catolicismo clandestino. Que algunos habían sido económicamente perjudicados por el régimen Tudor. Y que ninguno de ellos concebía una Inglaterra alejada de la autoridad pontificia de Roma y de su gran protector, la monarquía católica hispánica.

¿Cuál era el plan urdido por las cloacas hispánicas?

Felipe III, Lerma, Velázquez y Zúñiga tramaron decapitar Inglaterra para provocar el retorno de la minoría católica al poder (lo había ostentado durante el efímero pero sangrante reinado de María I, 1553-1558). El objetivo final era parasitar Inglaterra y someterla a los intereses de la monarquía hispánica. Precisamente, el embajador Zúñiga, desde su llegada a Londres, había destinado parte de la "cloaca" a la obtención de información con respecto a la expansión inglesa en las costas de Norteamérica. Para lograr su objetivo —decapitar Inglaterra—, el poder hispánico urdió la voladura del Parlamento inglés durante la jornada inaugural de la legislatura, aprovechando que el rey y todo el poder político y económico del país estaban reunidos en esa sala.

Negociaciones hispano inglesas de Sommerset (1604). El Espía Mayor se a la izquierda, a lado de la ventana. Fuente National Portrait Gallery
Negociaciones hispanoinglesas de Sommerset (1604). El Espía Mayor está a la izquierda, junto a la ventana / Fuente: National Portrait Gallery

¿Cómo tenían que volar el Parlamento?

La introducción de la pólvora en el sótano del Parlamento no se explica sin el eje formado por Zúñiga y Catesby. El hispánico captó al inglés y este lo propio con Wynniard, el propietario de una casa desde donde excavaron un túnel hasta el sótano del Parlamento. A finales de octubre, el túnel ya estaba excavado y apuntalado. Los conspiradores introdujeron hasta el sótano del Parlamento una carga de 36 barriles de pólvora, es decir, el equivalente a unos 180 kilos de explosivo. En aquel momento —principios del siglo XVII— la pólvora era un elemento, básicamente, de uso militar y su posesión y comercialización estaba muy controlada. Por lo tanto, no se entiende aquella concentración de explosivo sin la colaboración de las cloacas hispánicas.

¿Qué sucedió, finalmente?

Aquel complot fue desarticular de la forma más inesperada. La versión oficial diría que John Tresham temió por la vida de su cuñado, el parlamentario de la minoría católica Richard Mountagle, y le pidió que se ausentara durante la sesión inaugural. Mountangle posiblemente tenía motivos para detestar al rey, pero su ausencia lo habría colocado en una situación difícil. Y ante dicha tesitura, no tuvo los mismos escrúpulos y denunció el complot al secretario de Estado Robert Cecil. Ese mismo día caía Fawkes y, durante los días siguientes, caerían el resto de los implicados. Todos los integrantes del grupúsculo de Catesby y otros elementos que les apoyaban, como los religiosos católicos Blackwell, Garnet, Greenway y Oldcorne, fueron exterminados.

Felipe III, Lerma y Zúñiga. Fuente Museo del Prado y Fundación Lerma
Felipe III, Lerma y Zúñiga / Fuente: Museo del Prado y Fundación Lerma

¿Qué pasó con el embajador Zúñiga?

La primera pregunta es: ¿en qué posición quedó el embajador hispánico después de la desarticulación de la "Conspiración de la Pólvora"? Y la respuesta es que siguió en el cargo hasta el 15 de agosto de 1613, cuando sería relevado por Diego Sarmiento de Acuña, conde de Gondomar. Y eso nos llevaría a una segunda pregunta, que sería: ¿cómo era posible que con el grado de implicación en ese atentado no fuera expulsado de inmediato? Y la respuesta la encontramos en la propia desarticulación de la trama. La versión oficial insistiría en la juventud y la debilidad de Tresham, que explicarían el porqué delató el complot a su cuñado Mountangle, y este informaría al secretario Cecil.

La sombra de la duda

Pero siempre quedaría la sombra de la duda. ¿Realmente Tresham era tan débil como para delatar el complot? ¿Fue Tresham quien informó a Mountangle o fue Zúñiga quien puso sobre la pista al secretario Cecil, con quien le unía una buena relación? ¿Fue Zúñiga quien sacrificó a los activos ingleses por un propósito de más envergadura? ¿O, simplemente, porque había perdido el control sobre Catesby y los suyos y temía ser desenmascarado? Y, si fue así, ¿qué pretendía Zúñiga? ¿A lo mejor ganarse la confianza del rey inglés Jaime I para negociar —como acabaría haciendo insistentemente e involucrando al Pontificado— el matrimonio del príncipe de Gales con una hija del rey hispánico Felipe III? ¿Para reubicar al partido católico prohispánico en el poder de Inglaterra?

Jaime I y Robert Cecil. Fuente Scotish Portrait Gallery (Edimburgo) y National Portrait Gallery (Londres)
Jaime I y Robert Cecil / Fuente: Scottish Portrait Gallery (Edimburgo) y National Portrait Gallery (Londres)