Joan Escrivà supo que él y su mujer se tenían que ir de casa cuando vio pasar el tercer contenedor flotante desde el balcón. Gracias a la furgoneta de Camacuc pudieron salir del pueblo, pero por los pelos: la DANA en Paiporta dejó unos cincuenta muertos y una imagen postapocalíptica y desoladora. Pero antes de que llegara la riada en el municipio no llovía y Joan estaba trabajando en la sede de la revista para enviar el número de noviembre a la imprenta. "Acabé de hacer la última corrección cuando ya estaba oscuro y pensé que ya la enviaría al día siguiente", explica. Horas después, los cuarenta años de la publicación se habían perdido bajo el agua y el barro, y la furgoneta en la que habían huido fue de los pocos coches del municipio que no se echó a perder. No se salvó nada más.
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Camacuc es la única revista infantil íntegramente en valenciano y una de las piezas clave en la difusión de la lengua entre los más pequeños. Nació en 1984, cuando diecinueve socios aportaron un dinero inicial —además de una cuota mensual de 3.000 pesetas—, para sacar adelante una publicación didáctica en formato cómic con la idea de hacerla de suscripción y la pusieron a la venta en algunas de las librerías progresistas y comprometidas con la lengua. De las 3.000 suscripciones que necesitaban para subsistir solo llegaron a las 1.000, y, después de trabajar gratis y encontrarse en la más absoluta miseria, la mayoría de socios decidió abandonar. Solo dos apostaron por llevarla adelante, después de que la Conselleria d'Educació les asegurara que comprarían ejemplares para las escuelas. Uno de estos socios era Joan Escrivà padre.
Es esta historia la que quedó sepultada bajo el barro aquel martes 29 de octubre. "Lo primero que pensé fue que casi todo lo que teníamos aquí y habíamos perdido era irrecuperable; teníamos muchos recuerdos, éramos muy artesanales y solíamos hacer las cosas a mano, y al pensarlo se te va el alma, porque son cosas que ya no volveremos a ver", explica el ahora editor y único trabajador de la revista. Pero ni el desastre hizo que tirara la toalla: días después limpiaron el local entre veinte o treinta personas, muchos del grupo Jove Muixeranga de València, y en tres o cuatro horas vieron como un camión se lo llevaba todo. Había que volver a empezar.
Las pérdidas que sufrió la editorial Camacuc ascienden a unos 25.000 euros, sin contar los originales de los autores que se han perdido y que son imposibles de calcular. Y aparte de haber recibido alguna aportación económica en forma de premio a la trayectoria después de la DANA, todavía no ha llegado ninguna inyección de dinero público que pueda ayudar a reparar los destrozos y reconstruir el local, a pesar de haber solicitado un par de ayudas a la Administración. "Todo grano de arena suma, pero son ayudas muy pequeñas y distribuidas, nada significativo", subraya Joan. Sí que ha notado la enorme avalancha de solidaridad de la sociedad civil, asociativa y cultural en forma de donaciones, que Camacuc ha querido convertir en suscripciones solidarias para poder continuar enviando lengua y cultura. "En ningún momento hemos pensado en cerrar, al revés, hemos aumentado las suscripciones y ahora tenemos más ganas que nunca de continuar con el proyecto".
Casi todo lo que teníamos aquí y habíamos perdido era irrecuperable, pero en ningún momento hemos pensado en cerrar
De hecho, el impacto de la DANA ha reforzado más el músculo de la revista: 800 suscripciones nuevas han propiciado que lleguen a las 3.000, la cifra que siempre ha soñado la revista para poder ser sostenible. "Camacuc era un proyecto muy precario y siempre ha necesitado ayuda, y este será el primer año que tendremos una editorial digna que se puede sustentar por ella misma", exclama, emocionado. Dice que se ha habituado a llevar él solo la cabina de un avión complicado de llevar como Camacuc, pero que le gustaría compartirlo con más gente trabajadora que también disfrute del proyecto. Aunque el local ya ha vuelto a abrir, continúa en fase de montaje y todavía se prevén unos tres o cuatro meses hasta que sea un lugar cómodo para trabajar. También aspira a hacer que el futuro local sea como una especie de oficina-museo donde los más pequeños puedan experimentar; todo para continuar luchando por promover la lectura, la lengua y la cultura.
Un símbolo de resistencia contra la censura de la lengua valenciana en el País Valencià
"Nunca hemos tenido un campo abonado y todo siempre han sido problemas, pero nunca nos hemos quedado atrás; ya puede llover y diluviar que continuaremos igual y adelante siempre", asegura Escrivà. Y es que el porrazo de la gota fría, y la fuerte respuesta ciudadana, solo es otro de los ejemplos que ha impactado en el corazón y el bolsillo de esta publicación, acostumbrada a la censura y a los palos en las ruedas. En junio del 2023, el concejal de Cultura del Ajuntament de Borriana —Jesús Albiol, de Vox— censuró la revista y se anularon las suscripciones de Camacuc y otras publicaciones catalanistas de la biblioteca municipal. Aunque finalmente la decisión no prosperó por la oleada de críticas y protestas, la publicación de Escrivà aumentó sus suscripciones, y el diciembre pasado ganó la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes por su tarea en pro de la lengua valenciana. "Tuvimos mucha resonancia mediática y muchos niños y niñas empezaron a recibir el Camacuc; de un acto de censura política en que querían acabar con la lengua les salió el tiro al revés para acabar siendo una campaña de fomento de la lectura genial", reivindica Joan.
Además, este pulso entre los poderes políticos valencianos y la revista vienen de lejos. Lo explica su editor. "Lo primero que hizo el PP cuando llegó al poder hace treinta años fue sacar el Camacuc de las escuelas, y nosotros quedamos ahogados, pero aquí estamos; para quien quiera acabar con el valenciano continuamos siendo un referente", matiza, y remarca que, durante la veintena de años que gobernó el partido conservador, la gente se acostumbró a ver un "desierto cultural", que cambió con la llegada del Gobierno del Botànic, nombre que recibió el pacto entre los socialistas, Compromís y Podemos en 2015 después de que el PP perdiera la mayoría absoluta.
"A hacer una revista infantil de cómic en catalán en València no le puedes poner más ingredientes para que sea una bomba de problemas", dice Escrivà, refiriéndose sobre todo a los estragos que está sufriendo la lengua, con cada vez menos presencia en la calle, en las instituciones o en las bibliotecas. "El catalán va en retroceso; cada vez ves menos libros en valenciano y enciendes la televisión o cualquier pantalla y te hablan en castellano". Y apunta: "Quieren relegar la lengua a una cosa de cuatro abuelos y les molesta, no quieren saber nada del valenciano ni del catalán". Todo este caldo de cultivo en contra de las políticas lingüísticas del Gobierno de la Generalitat Valenciana, ahora liderada por el presidente Carlos Mazón, se suma a la indignación por la mala gestión de la DANA. Joan, como la mayoría de la sociedad valenciana, no olvida que el aviso por alarma no se envió cuando hacía falta y que la responsabilidad por las muertes se ha acumulado en la mesa de los despachos sin que las autoridades muevan un dedo. Tampoco cree que haya muchas responsabilidades políticas. "No sé cómo lo hacen, pero tienen a la sociedad en Babia, y la gente de derechas vota a las derechas como los forofos de un equipo de fútbol", se queja el editor de Camacuc Editorial.
Quieren relegar la lengua a una cosa de cuatro abuelos y les molesta, no quieren saber nada del valenciano ni del catalán
Ya han pasado cuatro meses, pero Paiporta todavía no ha podido volver a la normalidad. Los supermercados están diseminados por el pueblo, muchos ascensores no funcionan y, a veces, todavía se puede oler el impacto de la riada por las calles. "El día a día es complicado, es lento, y hemos sufrido una etapa prácticamente de duelo", reflexiona Joan, y no se olvida de aquellos que tienen menos recursos y que todavía continúan sufriendo los efectos de la tormenta de una forma más feroz. Porque, de alguna manera, él es un afortunado. Podrá continuar luchando para que las criaturas puedan leer y aprender en catalán, sabiendo que hay peligros muchos más duros de batallar que el agua. "Con las leyes que están haciendo, la retirada de las ayudas al sector del libro y el no uso de la lengua por parte de la Administración, y la dejadez que tienen estos de Vox abriendo la boca para censurar, ya tienen suficiente para ir haciendo camino; no les hace falta el desastre para acabar con el catalán".