"Siempre he tenido una sana conciencia de la nada que significa la fama, y he luchado contra mi orgullo cuando he tenido dificultades con algún aspecto de ella. Ahora todo me resulta simplemente gracioso, y quizás sea simplemente por el hecho de hacerme mayor, o por haber conseguido un sueño que durante mucho tiempo pensé que quizás no era mi destino". Las palabras de Val Kilmer (Los Angeles, 1959-2025) demuestran que el actor representó todos los colores posibles de una paleta deseada por medio planeta, la del estrellado en Hollywood.

🟠Muere Val Kilmer, actor en éxitos como 'Top Gun' o 'Batman Forever', a los 65 años
 

Pero también personifica la supervivencia, ya fuera cuando de niño fue testigo de la muerte de su hermano, ahogado dentro de un jacuzzi por culpa de un ataque de epilepsia, o cuando, ya convertido en una celebridad, sufrió un cáncer de garganta que supondría, en la práctica, el fin definitivo de una carrera llena de altibajos. En medio de los golpes de la vida, Kilmer desarrolló una personalidad que muchos calificaban de excéntrica e insoportable: "No me gusta su ética laboral, no trabajaré con él nunca más", diría Joel Schumacher después de dirigirlo aen Batman Forever (1995), una cima profesional completamente envenenada, viendo los desastrosos resultados de la película. "Para los estándares de Hollywood", diría Kilmer, "Batman es el personaje definitivo y un sueño hecho realidad. Acepté el papel sin ni siquiera leer el guion. Pero cualquier emoción infantil que tuviera al empezar fue aplastada por la realidad del Bat-uniforme. Me di cuenta de que mi papel en la película era simplemente aparecer y pararme allí donde me dijeran, como un actor de telenovela. Sí, todos los niños quieren ser Batman, pero no necesariamente quieren interpretarlo en una película".

Todos los niños quieren ser Batman, pero no necesariamente quieren interpretarlo en una película

Cuando el actor hizo estas declaraciones, años más tarde, ya tenía la mirada profunda de quien ha estado arriba de todo y ha caído en desgracia, por una suma de comportamientos impropios y de decisiones difícilmente comprensibles, pero también, y sobre todo, por las consecuencias de una enfermedad devastadora. Antes, nos dejó un puñado de interpretaciones inolvidables para toda una generación: desde su debut, en aquella obra maestra que era Top Secret! (1984), convertido en un rockero que mueve las caderas mientras se une a la Resistencia contra los nazis, Val Kilmer ya mostraba aquella mezcla de talento, carisma y un cierto menosprecio hacia cualquiera que tratara de marcarle la línea. Cuando acabó el rodaje de aquella comedia tronada y divertidísima, nuestro hombre desapareció durante más de un año para viajar por Europa como mochilero. Eso, igual que rehusar personajes a títulos tan importantes como Rebeldes (1983) o Terciopelo azul (1986), no hace más que alimentar la idea de alguien a quien más valía no intentar entender.

La antiestrella que dejó huella

Para muchos, Kilmer es Nick Rivers de Top Secret!; el Madmartigan del Willow (1987) de un Ron Howard que lo tildaría de infantil e imposible; Jim Morrison de The Doors (1991); el Dock Holliday de Tombstone (1993); el fantasma de Elvis Presley a Amor a quemarropa (1993); el atracador y mano derecha de Robert De Niro en Heat (1995), y, claro está, el Iceman de Top Gun (1986), personaje al cual volvería recientemente gracias a la insistencia de Tom Cruise en un celebrado y emocionante cameo, todo un homenaje en vida, a Top Gun: Maverick (2023). En todas ellas dejó una enorme huella.

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Val Kilmer y Tom Cruise a Top Gun

Como también lo haría posteriormente en un puñado de títulos reivindicables como Los demonios de la noche (1997), Pollock (2000), Wonderland (2003), Alexandre (2004), Spartan (2004) o la deliciosa Kiss Kiss Bang Bang (2005). Cómo sería trabajar con él que incluso alguien como Robert Downey Jr., otro que gestionó como pudo su merecida fama de conflictivo, diría: "No es ninguna novedad decir que Val es alguien crónicamente excéntrico". Estas películas pertenecían a aquellos tiempos en los cuales ya había caído en desgracia, condenado a proyectos que no merecían su talento, después del brutal descalabro de La isla del Dr. Moreau (1996). Un desastre que lo unía delante de la pantalla con otro incontrolable chalado legendario como Marlon Brando. Al director John Frankenheimer acabaría hasta arriba de todos dos.

Estoy seguro de que podría haber sido más diplomático, pero solo he intentado merecer el privilegio que supone poder vivir del entretenimiento

Amado y odiado por Hollywood

'Val Kilmer, el hombre a quien Hollywood ama odiar', un titular de portada de un Entertainment Weekly del año 1996 que lo resumía a la perfección. Muchos años más tarde, él mismo se explicaría: "Supongo que esta idea de problemático empezó con The Doors, cuando intentaba hacer alguna cosa muy desafiadora, además de ser fiel al personaje y a lo que quería Oliver Stone, que es un director increíble y tremendamente duro. Para mantener la fortaleza no me permití ser yo mismo, y quizás de aquí surgió la idea de que yo era demasiado exigente con los estándares de actuación. Me consideraron un actor difícil y me distancié de los que dirigían los estudios más importantes de la industria. Estoy seguro de que podría haber sido más diplomático, pero solo he intentado merecer el privilegio que supone poder vivir del entretenimiento".

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Val Kilmer el año 1997, el año que tocó fondo con La isla del Dr. Moreau

El año 2021, un documental sobre su persona emocionaría y trastornaría a partes iguales. En Val (que podéis encontrar en Filmin y en Movistar+), el actor se confesaba: "Me he portado mal, pero también he sido valiente. Me he comportado de manera extraña con algunas personas. No niego nada de eso y no me arrepiento, porque he perdido y he encontrado partes de mí mismo que desconocía". Ciertamente, Kilmer no era una estrella convencional, ni cuando protagonizaba blockbusters o portadas de revistas, ni tampoco cuando gestionaba que la industria le diera la espalda. O quizás, para ser más precisos, cuando él dio la espalda en Hollywood. "No sabría todo aquello que espiritualmente sé sin haberme alejado del éxito tan a menudo como lo hice en aquellos años", diría Kilmer con la perspectiva del paso del tiempo. "Hoy sé quién soy y puedo mirar a la cara cualquier persona del mundo con amor, empatía y perdón".