"Soy muy cuadriculado, casi tanto como el Pla Cerdà de Barcelona", suelta Xavier Bosch cuando le confieso mi admiración por su prolífica pulsión literaria. Desde que el año 2009 dejó su trabajo como director del diario Avui para dedicarse a tiempo completo (o casi del todo, porque sigue publicando columnas de opinión en los diarios ARA y Mundo Deportivo), Bosch ha publicado nueve novelas. La primera de ellas, Se sabrà tot, ya lo catapultó como uno de los autores de más éxito de nuestro ecosistema literario, estatus que sigue manteniendo más de quince años después. Lo volverá a certificar este Sant Jordi cuando destaque nuevamente como uno de los autores más vendidos con su nueva obra, Diagonal Manhattan.

Finales de los años 80, a caballo entre la capital del mundo, Nueva York, y la capital catalana, Barcelona; ubicada en el aparentemente luminoso mundo de la publicidad; la nueva novela de Xavier Bosch es, con aquella prosa conscisamente y punzantemente prodigiosa tan suya, un relato de extremos, contraposiciones y segundas oportunidades que no decepcionará a su multitudinario contingente de lectores. "Me dedico a eso, y lo que tiene que hacer un escritor es escribir. Me levanto, me ducho, leo diarios, desayuno y paseo y después escribo. Y es normal, por lo tanto, que al cabo de un año y medio haya una nueva novela tocho como esta de casi 600 páginas".

¿Eres muy metódico?
Yo lo hago de esta manera, y profesionalmente lo he hecho siempre en todas partess: cuando he trabajado con equipos, he hecho programas de radio, de televisión... Pero también, en un acto tan solitario como es escribir. El mundo está lleno de tentaciones y si no te marcas una rutina, acabas quedando con un amigo para tomar un café, con otro para ir a jugar a tenis, con otro para ir a pasear... Al final lo que tienes que hacer es trabajar, si no, las cosas no salen. 

¿Cuáles son las rutinas del Xavier Bosch escritor?
Primero pensar qué tema quiero explicar, después pensar una trama y unos personajes, dotarlos de vida, imaginármelos completos. Es decir, no solo físicamente, sino de carácter, de verdad. Dónde estudiaron, cuántos idiomas hablan, qué les gusta comer, qué actores y actrices de cine les gustan, qué les hace reír, quién los va desvirgar, si saben conducir o no, si fuman o no fuman... Es decir, hago una entrevista muy profunda a mis personajes y me hago unas fichas para cada uno de ellos.

Hacer una novela es como hacer un cesto de mimbre: lo tienes que ir entrelazando todo muy bien para dar pistas al lector, para hacerlo lo bastante atractivo para que quiera seguir leyendo

¿Guardas todas las fichas desde la primera novela hasta ahora?
Diría que sí. En esta metodología que hablábamos, lo que hago es dosificar la información. Es decir, cómo quiero que empiece la historia, cómo quiero que acabe, cómo quiero que empiece cada personaje, cómo quiero que acabe... Si una novela tiene tres partes: planteamiento, nudo y desenlace, y cada parte debe de tener diez capítulos,  miro qué información mínima vital tiene que pasar en cada capítulo, para que el lector no descubra quién es el asesino en el capítulo dos si quiero que lo descubra en el 28. Hacer una novela es como hacer un cesto de mimbre: lo tienes que ir entrelazando todo muy bien para dar pistas al lector, para hacerlo lo bastante atractivo para que quiera seguir leyendo, para que tenga la necesidad de seguir leyendo, para que haya acción y, por la noche, no quiera apagar la luz de la mesilla de noche para seguir leyendo. Todo eso, yo solo lo sé hacer si antes me lo planifico mucho. Y estas fichas de los personajes, los dos o tres primeros meses que te pones a redactar, tienes que ir mirando: "¿Este fumaba o no fumaba? ¿Este conducía o no conducía? ¿Tenía los ojos verdes o los tenía marrones?"... Para que no haya errores de raccord. Pero después de tres meses, conozco tanto a estos personajes, que son como amigos míos o miembros de la familia, y ya no hace falta que vuelva a mirar la ficha.

XAVIER BOSCH / Foto: Montse Giralt
Xavier Bosch acaba de publicar su nueva novela, Diagonal Manhattan / Foto: Montse Giralt

 

XAVIER BOSCH / Foto: Montse Giralt
Xavuier Bosch es uno de los escritores más populares de la literatura catalana contemporánea / Foto: Montse Giralt

¿Te desconectas completamente del mundo, cuando escribes una novela?
No soy de los que mantiene charlas con sus personajes, pero pienso en ellos siempre. Yo trato de hacer ficción tres días a la semana, siempre. Pero los otros días: martes, jueves, sábado y domingo, cuando no escribo ficción, mientras me ducho, mientras conduzco, mientras estoy en casa, pienso en los personajes, en la historia... Siempre. Durante dos años, yo convivo con mi familia y con la familia, en este caso, de Diagonal Manhattan. Pero no hablo con ellos. Esta vez, lo que he hecho, a diferencia de otras novelas, es apartar el móvil y dejarlo muy lejos, porque, si no, la tentación de los whatsapps y las redes es constante y te hace perder el hilo de concentración necesario para escribir aquel párrafo o aquel pasaje en que estás trabajando.

¿Esta metodología te ha hecho mejor escritor?
No habría sabido hacerlo de otra manera. Volviendo a Jaume Cabré, de algunas de sus novelas decía: "Yo me pongo delante de unos personajes protagonistas iniciales, pero después todo fluye y dejo que me lleven. La novela va hacia allí donde, improvisada o espontáneamente, se encamina". Yo eso no lo habría sabido hacer. Pero estamos hablando de un señor a quien algún día le tendríamos que dar el Premio Nobel de Literatura. Sin embargo, cómo dicen en castellano: "Cada maestrillo tiene su librillo".

¿Cuándo fue la primera vez que fuiste a Nueva York?
Igual que la protagonista de Diagonal Manhattan, en septiembre de 1989. En casa tenía un póster del skyline de Manhattan de noche. Y cuando llegué por primera vez, atravesando el puente de Brooklyn con el coche, lo primero que vi fue exactamente lo mismo que tenía en el póster. Fue un momento impresionante. Nueva York es la capital del mundo. Yo, en aquel momento, había dejado ESADE y había empezado a estudiar Ciencias de la Información para ser periodista. Y cuando llegué allí pensé: "Si supiera dibujar, habría querido ser arquitecto". Los olores, las sirenas... Era una ciudad muy degradada, con mucha delincuencia, asolada por el boom del crack y de todo lo que lo rodeaba. No es la misma Nueva York que he visitado un par a veces más después, que ha mejorado mucho. Aquella primera vez fui a ver a un amigo que estaba estudiando Económicas. Teníamos 21 años, y él se había instalado para acabar la carrera.

Ir a Nueva York el año 1989 debió ser toda una odisea.
El billete lo fuimos a comprar en Andorra, porque era mucho más barato que comprarlo en Barcelona.

En los años 80 y 90, Nueva York, Londres y Barcelona eran las capitales mundiales de la creatividad publicitaria. Barcelona era una potencia en publicidad como no lo hemos vuelto a ser nunca más. Además, era el momento en que Barcelona se ponía guapa para los Juegos Olímpicos

¡Como quien va a comprar tabaco!
¡Exacto! En vez de volver con mantequilla, azúcar y tabaco, volvimos con un billete de avión para Nueva York. Vinculándolo con la novela, cuando decidí que la protagonista tenía que estar en el mundo de la publicidad, y que su padre y su padrino tenían una agencia en Barcelona, pensé que, el día de su 21 cumpleaños, la podían enviar a hacer una estancia a Nueva York. En los años 80 y 90, Nueva York, Londres y Barcelona eran las capitales mundiales de la creatividad publicitaria. Barcelona era una potencia en publicidad como no lo hemos vuelto a ser nunca más. Además, era el momento en que Barcelona se ponía guapa para los Juegos Olímpicos.

XAVIER BOSCH / Foto: Montse Giralt
Entrevistamos el escritor y periodista Xavier Bosch / Foto: Montse Giralt

La Barcelona que estudiaba o diseñaba.
Era exactamente aquel momento en que nos sentimos protagonistas de nuestra propia ciudad. Y después, los Juegos salieron muy bien. Pero después empezó el declive, poco a poco... La novela pasa a caballo entre Barcelona y Nueva York, y allí en una agencia muy particular. A diferencia de lo que hemos visto en Mad Men o en la realidad, donde la publicidad era un mundo muy masculinizado, en mi novela, la agencia donde trabaja la protagonista solo está formada por mujeres. Es la parte de la ficción que nos podemos permitir. Cuando hacemos periodismo, tenemos que reflejar la realidad tal como es. Cuando hacemos novela, tenemos libertad para inventar. Es una reivindicación de figuras como Mary Wells Lawrence, la primera publicista con una agencia propia y la primera CEO de una empresa que cotizó en la Bolsa de Nueva York. Pero la historia la ha olvidado. En el 2020, a los 92 años, le dieron el León de Canes de publicidad, pero estábamos en plena pandemia, y lo tuvo que recibir virtualmente. También está la Caroline Jones, la primera mujer afroamericana con una agencia propia en Nueva York. Cuando entraba en una reunión, la miraban mal por ser mujer y todavía más, por ser negra. Me gustaba la idea de poner en valor estas figuras olvidadas.

El periodismo ha estado presente en muchas de tus novelas, en esta, sin embargo, te adentras en el mundo de la publicidad.
He escrito novelas anteriores donde he hablado mucho de nuestro oficio, el periodismo, que es el que amo, desde vertientes muy diferentes. A 32 de marzo hablaba de cómo el periodismo se puso al servicio de una mala causa, la peor de todas: el nazismo. Fue el inicio de las fake news. Contrariamente, veía que la publicidad y el marketing son la rama más luminosa o estimulante de la comunicación. Por lo tanto, me apetecía completar este retablo de novelas sobre el mundo de la comunicación con la publicidad.

Cuando hacemos periodismo, tenemos que reflejar la realidad tal como es. Cuando hacemos novela, tenemos libertad para inventar

La publicidad es luminosa, quizás aparentemente...
Hay una parte oculta, misteriosa, fea y oscura, de la cual también hablo. Pero para todos nosotros, los anuncios en la televisión son un spot de 20 segundos donde si alguien tiene un problema, le dan una solución explicada de manera bonita. La publicidad es la vida mejorada. Pero en este sector hay comisiones, tratos bajo mano, competencia feroz para robarse creativos entre agencias, maneras de captar clientes y estrategias de los diarios para extorsionar empresas para que se anuncien en su medio. Yo trabajé en un medio donde el director, en vez de leer las noticias, contaba los anuncios y comparaba con la competencia.

Eso hoy todavía es más feroz.
Sí, hoy todavía es peor porque las redes sociales y los clics han pervertido un poco nuestro trabajo como periodistas.

Eso nos lleva a la doble moral que a menudo rodea la publicidad.
Como decía la publicista brasileña Milena Leal: "Quizás no es felicidasd, quizás solo es publicitado". Estamos atrapados en una cadena de consumo y producción de la cual es muy difícil salir. Hay creativos con valores que rechazan hacer campañas para determinadas marcas, como el tabaco, pero también hay muchos casos de doble moral. Por ejemplo, Johan Cruyff, fumador toda su vida, después de ser operado del corazón dejó de fumar e hizo una campaña contra el tabaco. O Maradona haciendo campañas de "Si te ofrecen droga, simplemente di que no."

Hay un tema recurrente en la novela: las segundas oportunidades...
Tenemos que decidir qué puentes tenemos que atravesar en la vida y qué puentes tenemos que dinamitar. Y en la medida en que adivinamos muchas veces los puentes que atravesamos y los que dejamos de lado, la vida nos va de una manera o de otra y vayamos marcando nuestra camino, pero tengas 62 años, como el personaje del Óscar Casas, tengas 21, como el Edda Leveroni, o tengas 41, como la propietaria de la agencia de Nueva York. En cualquier momento podemos hacer un clic y cambiar y buscar un nuevo camino en nuestra vida. Y ser valientes y entender que solo tenemos una vida. Por lo tanto, o lo hacemos ahora, o ya no lo haremos nunca.

XAVIER BOSCH / Foto: Montse Giralt
Xavier Bosch nos acerca a una historia de segundas oportunidades / Foto: Montse Giralt

 

XAVIER BOSCH / Foto: Montse Giralt
Xavuir Bosch en el plató de ElNacional.cat / Foto: Montse Giralt

Tú lo hiciste, este cambio radical.
Yo lo hice, sí. Dejé el diario Avui y me fui a casa, sin trabajo, a hacer lo que me apetecía, que era escribir ficción. Trabajar para mí y a tratar de explicar historias que me hervían en la sangre en aquel momento. Así salió el Se sabrà tot. Sí, me ha salido bien.

Recientemente se publicaba con bastante éxito de ventas What the light touches, la traducción al inglés de tu anterior novela, 32 de marzo. ¿Te sorprende la dimensión, tanto en nuestro país como internacionalmente, que ha alcanzado tu obra?
El mercado de los Estados Unidos es, potencialmente, mucho mayor que el nuestro y mucho mayor que el de España en español. Pero el hecho inesperado es que es Amazon quien está distribuyendo la novela por redes, y en dos meses y medio se han vendido 12.000 libros. Además, cada día me hacen llegar un informe con los libros vendidos aquel día. Ojalá las editoriales de aquí lo hicieran algún día con un sistema informático que lo permitiera. Es absolutamente inesperado esto de los Estados Unidos, más todavía cuando ves que también se venden libros en inglés en Canadá, en Australia... ¡En las Antípodas!

Me lo propusieron alguna vez, pero mi respuesta es clara: 'No soy ni lo bastante rico, ni lo bastante burro para ser presidente del Barça'

¿Cuál es el lugar más sorprendente donde se ha vendido un libro tuyo?
El más lejano es Australia, y eso me hizo mucha ilusión. Pero el más curioso quizás es Bulgaria. Incluso me invitaron a la presentación en Sofía (su novela Alguien como tú ha sido traducida al búlgaro). Fue una experiencia diferente. En Alemania, por ejemplo, te traducen, te invitan a presentaciones, te tratan a cuerpo de rey... Pero, claro, tu nombre y el título de la novela están escritos con nuestro alfabeto. En cambio... ¡en búlgaro, todo está en cirílico, y tú no reconoces ni tu propio nombre! Pasas páginas y no entiendes nada, no sabes ni qué letras son. Eso sí que fue un impacto.

Hablando de cambios... ¿Cómo ves al Barça este año?
¡Estamos ilusionados! Nos ha tocado la lotería con Lamine Yamal. Pedri ya no se lesiona, Rafinha y Lewandowski marcan goles, y tenemos un entrenador que no se deja influenciar por los medios. Ilusionémonos: ¡el triplete es posible!

¿Alguna vez has soñado ser presidente del Barça?
Me lo propusieron en algún momento, pero mi respuesta es clara: "No soy ni lo bastante rico, ni lo bastante burro para ser presidente del Barça".