La confirmación de que el imán de Ripoll cobraba mensualmente del CNI hasta los atentados de Barcelona y Cambrils pone negro sobre blanco a los desmentidos de los servicios de seguridad españoles y abre en canal una vía que siempre se había negado oficialmente: ¿el gobierno español, presidido en 2017 por Mariano Rajoy, pudo hacer algo más para evitar el atentado? La información publicada en el diario ABC certifica que se pudo hacer mucho más, ya que el imán de Ripoll Abdelbaki es Satty, cerebro de los atentados yihadistas del 17 de agosto de 2017 en Barcelona y Cambrils en que murieron 16 víctimas inocentes, además de ocho terroristas, y resultaron heridas más de 150 personas más, era un confidente del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y cobraba 500 euros al mes del organismo público por sus servicios, a través de la oficina de Girona. En el mundo del periodismo, el canal utilizado tiene a veces mucha importancia y el hecho de que el diario de establishment monárquico español publique esta noticia, sea confirmada por el CNI y se publiquen detalles de la relación entre el terrorista y los servicios de inteligencia españoles desde al menos 2014 —el imán entonces estaba en prisión por un delito de drogas y agentes del CNI lo captaron como confidente— abre una vía para avanzar mucho más de lo que se había podido hasta la fecha.

Según explican ahora conocedores de la relación del CNI con Es Satty en el citado diario, el agente responsable del contacto visitaba al imán de Ripoll recurrentemente y este nunca mostró ser violento, y mucho menos, intención de cometer un atentado. Tampoco habría dado información sobre la identidad de los jóvenes a los que adoctrinó y que cometieron los atentados. Esa versión oficial del CNI es discutible, ya que —en la hipótesis más favorable para el CNI— un agente no hizo bien su trabajo, puesto que restó importancia al trabajo de captación de jóvenes del imán de Ripoll. La otra versión posible es mucho peor: dejó hacer, él o las autoridades que tenía por encima, y, en el último momento, no fue capaz de abortar el atentado o incluso mucho más grave, miraron hacia otro lado los responsables. Llama también la atención el hecho de que cobrara solo 500 euros mensuales como confidente, un elemento quizás de la escasa importancia que se le confirió a Es Satty o un señuelo para disfrazar una noticia con unos emolumentos cuya cuantía cuesta de creer.

El exdirector del CNI mintió, porque la información sobre el imán de Ripoll es enormemente grave y no ha sido llevada al juzgado

A la vista de estos nuevos hechos, es evidente que deben producirse nuevas comparecencias en la comisión de investigación en el Congreso de los Diputados encargada de estudiar los atentados del 17A. Lo más grave es que por las Cortes generales han pasado numerosas personas, entre ellas el exdirector del CNI Félix Sanz Roldán. El ex jefe del Estado Mayor de la Defensa entre los años 2004 y 2008​ negó en la comisión parlamentaria que Es Satty fuera confidente en aquel momento y se desentendió de los atentados. Ahora sabemos que mintió porque la información es enormemente grave y no ha sido llevada al juzgado. Como ya he dicho en otras ocasiones, en primer lugar hay que forzar nuevamente la presencia de Sanz Roldán en el Congreso y el tema debe acabar en la Fiscalía. No hay que ser optimista con su recorrido judicial, pero es un camino que se tiene que explorar, ya que ahora sabemos más de lo que se ha logrado averiguar en mucho tiempo.

Por eso, Junts y Esquerra deben llevar el tema hasta el final e intentar aclarar todas las incógnitas que hay. No se trata de dar pábulo a las teorías de la conspiración, pero tampoco descartar nuevos caminos ahora que hay información importante. Los que han querido enterrar cualquier avance en la investigación de este trágico atentado yihadista del 2017, que han sido muchos y muy importantes, quedan superados por la noticia de que el imán cobraba dinero público cuando se produjeron los atentados. Han perdido, por tanto, su credibilidad, porque su principal objetivo era proteger al estado frente a una noticia como la que ahora se conoce. Saber la verdad y que esta se abra paso ha sido siempre el objetivo de muchos de nosotros, en un momento en que nadie quería aceptar que sobre los atentados del 17A no sabíamos toda la verdad porque faltaba mucha información relevante. Ahora, hay nuevas pistas. Sigamos el camino y exijamos información a aquellos que la tienen.