No deja de producir una gran vergüenza que el considerado como el despacho más importante del mundo se haya transformado en tan solo unas pocas semanas en el plató en que se producen a diario los reality shows más adictivos del momento. Tele Trump nos ofrece todos los días desde el Despacho Oval (a este paso, habrá que ponerlo en muy poco tiempo con minúscula) unos minutos que pretenden ser de entretenimiento y acaban siendo de bochorno planetario. Y eso que Donald Trump solo lleva desde el 20 de enero, cinco semanas y media, en la Casa Blanca, un tiempo que parece reducido, pero que ha sido más que suficiente para provocar un gran estropicio en las relaciones internacionales y una gran preocupación mundial sobre como está ejerciendo su segunda presidencia. El papel de líder más importante del planeta ha acabado siendo una mala combinación entre cómica y trágica, mientras en el Despacho Oval va recibiendo mandatarios a los que alecciona, humilla, ofende, desprecia o incluso pisotea ante las cámaras de televisión. Porque nada de eso sirve —debe pensar— si no hay escarnio público y no se hace evidente ante la opinión pública internacional contemplar como doblega a su interlocutor.

A estas alturas, incluso, aquella primera escaramuza, de mediados de febrero, en que vimos al hijo de cuatro años de Elon Musk, Lil X, sentado en la esquina del escritorio Resolute (también conocido como escritorio Hayes) en el Despacho Oval, luciendo un abrigo color canela, junto a Trump y su padre, puede parecer cándida, aunque no tuviera nada de ello, ya que Musk estaba allí para asistir a la firma de una orden ejecutiva para reducir drásticamente el tamaño de la administración norteamericana. Ver a un niño de cuatro años hurgarse la nariz mientras el presidente de los Estados Unidos firmaba la polémica decisión contribuye a la viralidad del acto y hace que se imponga la discusión de lo anecdótico sobre lo importante. Es toda una estrategia mediática muy bien cuidada y perfectamente planificada, con medios convencionales acostumbrados a cubrir información de la Casa Blanca a los que se les ha retirado el estatus del que gozaban o editores como el magnate Jeff Bezos ordenando al Washington Post, periódico de su propiedad, cambiar su sección de opinión y a partir de ahora publicar a diario columnas en apoyo de "las libertades individuales y el libre mercado".

Tele Trump nos ofrece todos los días desde el Despacho Oval unos minutos que pretenden ser de entretenimiento y acaban siendo de bochorno planetario

La visita de este viernes del presidente ucraniano Volodímir Zelenski y la delegación del país eslavo a Washington y su encuentro en la Casa Blanca para reunirse con Donald Trump acabó derivando en una lucha de reproches, gritos y amenazas ante las cámaras, impropia de un encuentro de esta naturaleza. Todo ello propició una gran tensión junto a un acalorado debate, que han podido presenciar cientos de  millones de espectadores en todo el mundo, en que además de Zelenski y Trump también participó el vicepresidente JD Vance. Con Trump reprochando a Zelenski, como un matón de patio de colegio: "¿Ves el odio que tienes a Putin? ¡Tienes un odio tremendo!". O: "Si no tuvieras nuestro equipamiento militar, esta guerra [la de Rusia] habría acabado en dos semanas". También: "Eres un desagradecido. No has dicho gracias ni una vez desde que has llegado".  "No tienes las cartas en este momento... estás jugando con la Tercera Guerra Mundial". Para remachar: "Silencio, ya has hablado lo suficiente".

Y eso que la reunión tenía como objetivo la firma de un acuerdo sobre la explotación de las tierras raras de Ucrania, por el cual Estados Unidos se acababa haciendo dueño del 50% de la explotación de estos minerales. Pero mientras Trump censuraba a Zelenski "estar mostrando una falta de respeto a nuestro país. Sé que no estás ganando", el presidente ucraniano, cuando podía terciar baza, le invitaba a comprobar sobre el terreno si tenía o no tenía suficientes líneas de defensa frente a Rusia. Al final, Trump lo despachó de la Casa Blanca, canceló la conferencia de prensa que debían hacer tras la reunión y publicó en las redes sociales que Zelenski no estaba listo para la paz. Hay pocas dudas de que el presidente ruso, Vladímir Putin, aún debe estar desternillándose en el Kremlin, si no descansando en alguna de las muchas dachas que posee.

No deben hacer falta muchos más ejemplos para estar absolutamente seguro de que Estados Unidos está rompiendo amarras con sus considerados amigos europeos. En estos momentos, no hay un mínimo hilo de esperanza de que la situación pueda ser reconducible y Europa debe prepararse para un camino en solitario. Le llega en el peor momento, ya que los populismos de extrema derecha se han impuesto electoralmente ya en varios países y Alemania acaba de celebrar elecciones y el ganador, el democristiano Friedrich Merz, aún se tiene que probar como canciller y pasará un tiempo hasta conocer su capacidad de liderazgo. Todo ello, en un momento en que el país germano también tiene sus propios problemas internos, que debe abordar con urgencia. Delante hay un panorama sombrío, se mire como se mire, por más mensajes europeístas que se escuchen en los diferentes países. La alarma no es exagerada. En el nuevo orden mundial lo primero que ha cambiado son las formas.