Cinco meses después de la DANA que asoló el País Valencià, miles y miles de valencianos han vuelto a llenar las calles de la capital en la sexta manifestación contra la gestión del Govern valencià y de su president, Carlos Mazón. Aunque pueda parecer que se ha entrado en un bucle infinito en el que Mazón sortea la crítica situación mientras el pueblo protesta en la calle, es tan solo una apariencia. El president valenciano es lo más parecido al patito feo, abandonado por su partido, desvalido de los medios conservadores de la derecha y más dependiente que nunca de Vox. Una tríada que, además, aplasta electoralmente a Alberto Núñez Feijóo, a quien encasilla entre la falta de autoridad para cesar a Mazón y la foto de que sin la ultraderecha no hay aritmética que sume para llegar a la Moncloa.
Aunque el 29 de octubre queda muy lejos para los que vivimos fuera del País Valencià, la capital y los pueblos que padecieron la DANA tienen muy presente aquella enorme tragedia, los 228 muertos que se produjeron y las incógnitas que aún rodean la ausencia del puesto de mando del president de la Generalitat Valenciana. Sigue sin saberse dónde estaba, por qué no acudió y el interminable almuerzo en el restaurante El Ventorro donde comió con una periodista. Ha dado tantas versiones Mazón de aquellas trágicas horas que es imposible saber la verdad y mucho menos creerle. Tendrá que ser la justicia quien escudriñe lo que sucedió y decida si hubo o no negligencia.
El hecho de que Mazón prácticamente no pueda salir de su despacho lo convierte en todo un lastre político y electoral
Que las derechas resistan electoralmente en el País Valencià tiene una cierta lógica, dado el historial de los diferentes comicios celebrados desde el año 1977. Mucho más si hay un movimiento pendular en el que los votantes que pierde el PP pueden encontrar sin muchos problemas acomodo en Vox. A diferencia de otros sitios de España, el tránsito electoral lógico en el País Valencià parece ser entre el PP y Vox y no entre el PP y los socialistas. Y eso hace que le cueste tanto a la izquierda —PSPV, Compromís, Sumar y Podemos— situarse en cabeza, pese a la evidente crisis institucional que padece el País Valencià.
Pero el hecho de que Mazón prácticamente no pueda salir de su despacho y sea recibido con protestas cuando acude a actos cerrados o en abierto por el territorio, lo convierte en todo un lastre político y electoral. Eso lo sabe el PP español, pero también el valenciano, donde hay movimientos claros para posicionarse. Cuesta saber cuánto va a durar esta situación y esa especie de forcejeo en el que la izquierda le pide a Mazón que convoque elecciones, mientras la derecha lo invita a que presente una moción de censura que sabe que no prosperaría. Y la necesaria reconstrucción va tan lenta que aunque la Generalitat Valenciana ha solicitado, después de 150 días, la desactivación de la Unidad Militar de Emergencias (UME) el final está lejos de verse y muchas de las ayudas a los damnificados aún están por llegar.