Ya no hay razones para ser mínimamente tolerante con Donald Trump después de que haya pasado de sus amenazas a los hechos y haya puesto patas arriba el orden económico establecido con la arbitraria aplicación de aranceles casi con carácter universal. Trump es en estos momentos un peligro real, y no solo nada de lo que dice es verdad, sino que sus vaticinios van a ir en dirección contraria a los pronósticos que realiza. Debe encontrarse internamente con una oposición a los pasos que está dando, ya que si no, el error económico que ha cometido es de una profundidad sideral tal que superará muchos de los disparates que hemos visto en los últimos decenios. La reacción de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, después de que Trump anunciara la imposición de un arancel universal a todas las importaciones —que en el caso de la Unión Europea se completa con una tarifa adicional hasta el 20%—, considerando que es un gran golpe a la economía mundial y que esta sufrirá masivamente, la incertidumbre se disparará y desatará más proteccionismo, puede incluso quedarse corta.
Estamos definitivamente ante una nueva era con un pirómano en la Casa Blanca. Nadie ha quedado al margen de su explosión económica y ha actuado tan insensatamente que están disgustados los enemigos, pero a un nivel similar los amigos. La frase atribuida a Lord Palmerston, que dirigió los asuntos exteriores del Reino Unido en el período que va desde 1830 hasta 1865, cuando el país estaba en la cumbre de su poder, y que tantos han hecho suya, de que en política internacional no hay amigos ni enemigos permanentes, sino intereses permanentes, ha quedado hecha añicos. No hay ningún interés permanente en la decisión de Trump, sino esa idea —en este caso constante—, en el político norteamericano, de que una vez generado el caos, es el actor político que mejor se sabe mover. Por una vez, es posible que los 450 millones de consumidores que tiene Europa sí sirvan como amenaza para Trump. El Viejo Continente podrá no ponerse de acuerdo para tener una voz conjunta en defensa o en política exterior, pero en materia económica sí es capaz de cerrar acuerdos compartidos, como ha demostrado en el pasado con la moneda única o en los diferentes tratados de la UE.
Los aranceles de Trump podrían costar a los hogares estadounidenses por encima de los 2.000 dólares por año
Trump ha puesto en juego su presidencia y ha pedido a los norteamericanos que confíen en su instinto económico. Me han llamado la atención la reacción de Faisal Islam, editor económico de la siempre ponderada BBC, que ha afirmado que estos aranceles son el mayor cambio en el comercio global en 100 años y prevé que una guerra comercial mundial parece inevitable. Explica que el efecto de estas medidas puede apreciarse en las líneas del gráfico de los ingresos arancelarios de Estados Unidos, que han saltado a niveles que no se habían visto en un siglo, más allá de los que se registraron durante el alto proteccionismo de la década de 1930. Los mercados bursátiles mundiales cayeron de manera importante, el dólar cayó a su nivel más bajo del año y la divisa estadounidense se desplomó más de un 2% frente al euro, el yen japonés y el franco suizo. En cambio, el precio del oro, considerado históricamente un activo refugio en épocas de turbulencia, alcanzó un máximo histórico.
Según los primeros cálculos, una vez se han hecho oficiales los aranceles y el mapa para conocer la repercusión país por país, estos podrían costar a los hogares estadounidenses por encima de los 2.000 dólares por año, según un análisis de la Tax Foundation, una organización no partidista. Los economistas tradicionales coinciden de manera bastante generalizada que las economías estadounidense y mundial caerán en una recesión este año si Trump no flexibiliza el anuncio de su nueva política comercial. Algo que ha descartado el secretario de Comercio, Howard Lutnick, que ha afirmado que el presidente Trump no dará marcha atrás con sus planes. Es más, el día siguiente de su anuncio, ha sacado pecho y, como si se tratara de una batalla, ha afirmado que la operación ha terminado y que el paciente sobrevivió y se está recuperando. “El pronóstico es que el paciente estará mucho más fuerte, corpulento, mejor y más resiliente que nunca. Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grande". El abismo que se abre es enorme y lo más peligroso es que los legisladores o representantes republicanos han acatado absolutamente, bajando la cabeza, y los demócratas están desaparecidos tras su descalabro electoral.