Tal día como hoy del año 1700, hace 325 años, en París, el rey Luis XIV de Francia (tercer Borbón en el trono francés) firmaba el decreto de prohibición del uso público de la lengua catalana en el territorio de los antiguos condados de Rosselló y de Conflent y en la mitad norte del condado de Cerdanya. Estos territorios catalanes estaban bajo administración francesa desde que el rey hispánico Felipe IV los había entregado a su homólogo francés Lluís XIV a cambio del fin de una guerra que había iniciado Madrid (1635-1659). Este tratado sería llamado de los Pirineos y se negociaría en dos tandas (1659 y 1660).
Después de la cesión hispánica de la Catalunya Nord, la Administración francesa había llamado el territorio Province Étrangère du Roussillon, y, hasta 1676, había mantenido un gobierno regional con un cierto grado de autonomía, el Consejo Soberano del Rosselló —gestionado por catalanes de los condados ultrapirenaicos o del Principado y con un funcionamiento claramente inspirado en la Generalitat de Catalunya—, y había mantenido la cooficialidad de la lengua catalana, compartida con la lengua francesa de la nueva Administración.
Pero en 1676, poco después de la derrota de los Angelets de la Terra (el movimiento de resistencia catalán contra los acuerdos del Tratado de los Pirineos), el francés fue declarado única lengua oficial del Consejo Soberano. Y en 1700, cuando Luis XIV de Francia ya tenía por seguro que su nieto Felipe de Anjou sería el sucesor del moribundo rey hispánico Carlos II, perdió todo el interés que podía haber tenido por recuperar Catalunya y publicó el decreto de Interdiction officielle de la langue catalane, que proscribía y perseguía el uso del catalán en cualquier ámbito de la vida pública de la Catalunya Nord.