Tal día como hoy del año 1933, hace 92 años, en Andorra la Vella (Principat d'Andorra), estallaba una revolución que tenía como objetivo transportar las instituciones de gobierno del país a la modernidad. La organización clandestina Joves Andorrans irrumpió en la Casa de la Vall (sede de las instituciones de gobierno y de representación política andorranas) cerró las puertas y obligó a los síndicos (parlamentarios) a aceptar los principales puntos de sus reivindicaciones: redacción y aprobación de una "constitución democrática" que garantizara los derechos individuales, colectivos y laborales del pueblo andorrano; libertad de conciencia, de pensamiento y de palabra; sufragio universal masculino a partir de los 23 años; enseñanza universal y en lengua catalana, y sesiones parlamentarias abiertas al público.

Esa revolución se produjo en un contexto de crisis económica muy profunda, que había empobrecido a las clases más humildes de la sociedad andorrana de la época. Y sería impulsada, precisamente, por las comunidades andorranas del exterior que, producto de esa crisis, durante las décadas de 1910 y 1920, habían emigrado a Barcelona y a Toulouse. Estas comunidades de emigrantes criticaban las instituciones andorranas de la época por su naturaleza feudal y por su incapacidad para dar respuesta a los retos modernos. Durante los meses precedentes a los "Fets del 1933", la espiral de tensión que vivía esa sociedad había impulsado las primeras huelgas de trabajadores de la historia andorrana, que se estaban produciendo en FHASA (Forces Hidroelèctriques d’Andorra), la principal empresa del país.

Precisamente, el grupo de Joves Andorrans aprovechó que la policía andorrana se había desplazado a las instalaciones de FHASA para reprimir una huelga y había dejado desprotegido el edificio de la Casa de la Vall para irrumpir y ocuparla sin resistencia. Según las fuentes documentales, durante esa irrupción repentina e inesperada, se produjeron escenas de tensión e, incluso, de cierta violencia. Y tras un tenso tira y afloja —que se prolongó por espacio de varias horas—, los representantes políticos andorranos aceptaron las reivindicaciones de los Joves Andorrans y el país abrió una nueva etapa de modernización social y política, que proseguía el camino que ya se había iniciado seis décadas antes con la Nova Reforma (1866), impulsada por el síndico e industrial Guillem de Plandolit.