En el corazón del barrio de Pedralbes se esconde una joya arquitectónica que muchos desconocen: el monestir de Pedralbes. Este monasterio, fundado el año 1327 por la reina Elisenda de Montcada, es un ejemplo excepcional de la arquitectura gótica catalana y ofrece a los visitantes un viaje en el tiempo hacia la vida monástica medieval.
Su dato curioso es que cuenta con uno de los claustros góticos más grandes de Europa: tres plantas de altura y 26 columnas a cada lado hechas con piedra numulítica repartida en dos galerías. Posteriormente, se levantó un piso que funcionaba como buhardilla. Sus elegantes arcadas y capiteles con motivos vegetales y geométricos crean un ambiente de serenidad que invita a la reflexión y el recogimiento.
El monasterio fecha del año 1327, cuando la reina Elisenda de Montcada y su marido Jaime II decidieron mostrar su apoyo a las monjas clarisas y construir un recinto apartado de la ciudad. La comunidad religiosa estuvo de forma casi ininterrumpida hasta 1983, en el que el edificio se transformó en museo y centro de interés cultural.
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Paseando por el claustro, se pueden descubrir varias estancias que rodean este espacio central, como la sala capitular, el refectorio y las celdas de las monjas clarisas que residieron allí durante siglos. Además, el jardín central, conocido como hortus conclusus, está lleno de hierbas medicinales y aromáticas que las monjas utilizaban tanto para la cocina como para remedios naturales. Hay más de 50 variedades. Además del monasterio, el complejo también cuenta con una iglesia donde están los restos de la reina Elisenda, para honrar su memoria.
Una de las particularidades del monasterio de Pedralbes es que ha conservado gran parte de su patrimonio artístico e histórico. Entre sus paredes, se pueden admirar pinturas murales, retablos y objetos litúrgicos que testimonian la rica vida espiritual y cultural de la comunidad que habitó allí. Además, el monasterio acoge exposiciones temporales y actividades culturales que permiten profundizar en la historia y el arte de la época.
Un viaje en el tiempo
Si miramos atrás, el día a día de la congregación se organizaba en torno al claustro, dónde acostumbraban a pasar tiempo libre y enfocarse a sus reflexiones. Una visita al recinto permite un viaje en el tiempo y realidad de estas religiosas. Por ejemplo, la cocina, en funcionamiento desde el siglo XIV y hasta los años ochenta, todavía conserva utensilios originales.
El recorrido de la visita también pasa por otras zonas como la sala capitular con sus vidrieras y esculturas policromadas, el dormitorio o la abadía con sus murales de animales fantásticos.
La historia y la tranquilidad del claustro del monasterio de Pedralbes es una experiencia inolvidable. Este rincón de Barcelona ofrece una pausa de la vida urbana y permite conectar con el pasado en un entorno de paz y belleza incomparable.
Si todavía no has tenido la oportunidad de visitar este tesoro escondido, te recomendamos que lo hagas. Descubrirás un espacio único que refleja la riqueza patrimonial y espiritual de la capital catalana.