Un bisabuelo o incluso un tatarabuelo italiano solía ser suficiente para obtener la ciudadanía italiana. Un decreto inesperado ha cambiado todo eso, dificultando considerablemente que los que tienen ascendencia italiana utilicen la línea de sangre como vía para obtener la nacionalidad italiana. El 28 de marzo, el gobierno italiano endureció las normas para solicitar la ciudadanía por ius sanguinis (línea de sangre), con efecto inmediato. La ley se presentará al parlamento para ratificarla en 60 días, y podrían introducirse algunos cambios, pero de momento, las nuevas solicitudes de ciudadanía tienen que cumplir nuevos requisitos.

El cambio repentino afecta a miles de personas en todo el mundo que esperan o se preparan para obtener un pasaporte italiano, que ocupa el tercer lugar en el mundo en viajes sin visa o con visa a la llegada, según el Henley Passport Index. Un hecho que lo convierte en uno de los más codiciados y, hasta ahora, más fáciles de adquirir.

¿Qué dice la nueva normativa?

Según la nueva normativa, los solicitantes tienen que tener al menos un progenitor o abuelo italiano para solicitar el ius sanguinis. También tienen que demostrar dominio del italiano, requisito que anteriormente solo se exigía para la naturalización por residencia o por matrimonio. El examen de competencia es un examen estatal de cinco partes que se hace varias veces el año, o un examen de equivalencia de nivel superior para los que no residen en Italia. De momento, los solicitantes no tienen que vivir actualmente en Italia, pero sí que tienen que haber vivido previamente en el país durante tres años para ser elegibles.

Anteriormente, cualquier persona con un antepasado italiano que viviera después del 17 de marzo de 1861, cuando se creó el Reino de Italia, calificaba para la ciudadanía, un proceso que toma alrededor de dos años con gastos que van desde el coste de notarizar y traducir documentos hasta miles de dólares para contratar empresas que hagan todo el trabajo preliminar.

La ciudadanía, “un asunto serio”

Eso significaba que incluso si los padres o abuelos de una persona no obtenían la ciudadanía, esta podía solicitarse basándose en un bisabuelo o en una generación incluso anterior. El decreto, publicado en el diario oficial italiano el 28 de marzo, tiene como objetivo acabar con los “abusadores” que se convierten en italianos como “novedad” o aliviar las restricciones de viaje, según el ministro de Asuntos Exteriores de Italia, Antonio Tajani.

“Ser ciudadano italiano es un asunto serio, la concesión de la ciudadanía es un asunto serio”, ha declarado Tajani el viernes. “Desafortunadamente, a lo largo de los años se han producido abusos y solicitudes de ciudadanía que han ido un poco más allá del verdadero interés de nuestro país”.