Los vigilantes de seguridad del cosmódromo ruso de Baikonur, en Kazajistán, han detenido esta madrugada de miércoles a tres ciudadanos españoles —todavía no se sabe de qué parte del Estado son— y a un australiano, acusados de intentar acceder de forma ilegal a una de las instalaciones más icónicas y restringidas del antiguo programa espacial soviético: los hangares donde permanecen medio abandonados algunos de los últimos transbordadores espaciales Burán. Según ha informado la agencia estatal rusa RIA Nóvosti, citando fuentes próximas al complejo, los cuatro individuos fueron interceptados cerca del centro de ensamblaje y suministro de los transbordadores, un espacio que, aunque está oficialmente desactivado, sigue bajo una estricta vigilancia militar.

Pillados asaltando el cosmódromo ruso de Baikonur

Los detenidos, que ya han quedado en libertad y han recibido asistencia consular, podrían haber estado motivados por el deseo de documentar de cerca lo que queda de uno de los programas espaciales más ambiciosos de la historia soviética. No es la primera vez que se produce un intento de infiltrarse en este lugar mítico, aunque desde Rusia se quiere averiguar si los cuatro tenían alguna intención oculta de espiar estos restos. Sea como fuere, en los últimos años, varios ciudadanos europeos han sido detenidos por intentos similares, incluidos tres españoles en septiembre de 2023, dos franceses meses antes y una pareja francoalemana el año pasado. El Burán —considerado la respuesta soviética al transbordador estadounidense— solo voló una vez, en 1988, antes de que el proyecto quedara congelado con la caída de la Unión Soviética.

Actualmente, uno de los pocos ejemplares originales que quedan, conocido como Buria, descansa en un estado lamentable en el interior de un hangar deteriorado en Baikonur. A pesar del polvo, las grietas y el olvido institucional, el transbordador conserva un aura majestuosa, que sigue cautivando a exploradores de todo el mundo, que lo quieren ver de cerca y grabar vídeos, a pesar de la prohibición de las autoridades rusas. Este enclave volvió a ganar notoriedad mundial cuando el fotógrafo y bloguero ruso Ralph Mirebs logró infiltrarse y publicar un reportaje fotográfico que mostraba con detalle el interior de los hangares y las naves que allí permanecen. Las imágenes se viralizaron rápidamente y despertaron un renovado interés por el programa espacial soviético, convirtiendo el lugar en una especie de santuario clandestino para apasionados de la historia aeroespacial. Ahora, algunos intrépidos, como los cuatro detenidos hoy, parecen querer repetir la hazaña. Esta madrugada, sin embargo, no salió bien.

Pendientes de ser acusados formalmente

Los tres españoles y el australiano han quedado en libertad tras ser interrogados, y Rusia ha informado a la embajada española de que se había detenido a tres de sus compatriotas. Se espera que en los próximos días las autoridades rusas, que no permiten estas incursiones y las tratan como un ataque a la seguridad nacional, decidan si acusarán formalmente a los cuatro arrestados para que respondan ante la justicia rusa. Habrá que ver si todo queda en un susto o si el Kremlin pide que sean procesados por espionaje.