La administración Trump sigue sin faltar a su palabra. Dos semanas después de que el secretario de comercio, Howard Lutnick, lo anunciara en una entrevista en el pódcast All-In, el presidente Donald Trump ha mostrado este jueves la Gold Card, que permitirá a sus compradores entrar en los Estados Unidos y quedarse permanentemente.
En la escena, digna de ver, el presidente expone una tarjeta dorada con su rostro impreso a un grupo de periodistas mientras anuncia "por 5 millones, esto puede ser tuyo". Trump anunció que el carné, que lleva inscrito The Trump Card en mayúsculas, se prevé empezar a comercializar en menos de dos semanas. Sin embargo, y aunque Trump afirmó que él era el primer comprador, Howard Lutnick explicó el pasado 20 de marzo que ya se habían vendido un millar.
¿Cómo funcionará?
El proyecto de la Trump Card se anunció el 26 de febrero y tiene origen en una conversación entre el inversor americano John Paulson y el presidente Trump. La propuesta tiene la pretensión de sustituir la ya existente Green Card, insignia de un programa que llevaba en funcionamiento desde 1990 y que era relativamente homólogo al visado dorado español, recientemente eliminado. La principal diferencia que se introduce es que el anterior programa, llamado EB-5 Program, requería a los inversores extranjeros la creación o mantenimiento de 10 trabajos a tiempo completo en los Estados Unidos, mientras que la nueva Gold Card reduce el proceso para obtener la residencia a la compra de la acreditación.
El atractivo de la Gold Card es la simplificación; es una ruta franca para entrar en los Estados Unidos siempre que quieras, y eso se presenta como positivo tanto por los Estados Unidos como por los que quieren acceder. "Hay una cola por EB-5 de 250.000 ahora mismo", exponía Lutnick, "200.000 de estas Gold Cards son 1 trillón de dólares para pagar nuestra deuda nacional". El objetivo de la nueva Trump Card, pues, es hacer de los Estados Unidos un destino económicamente más atractivo para individuos que puedan generar trabajo, es decir, contribuir al llamamiento del talento global y a la inversión mientras se favorece el crecimiento económico del país.
Hay que especificar que la nueva tarjeta ofrecerá únicamente el derecho a la residencia permanente, no la nacionalidad norteamericana. Los inversores podrán optar a la nacionalidad y aunque, ciertamente, poder acceder al país es una buena herramienta para conseguir la ciudadanía, a los compradores de la Gold Card no se les concederá esta licencia automáticamente ni tendrán más facilidades para acceder que el resto de habitantes en el país.
¿Qué consecuencias se pueden derivar?
Aunque el futuro y los detalles de la Trump Card es incierto y a estas alturas hay pocos detalles específicos, diversos expertos se han posicionado respecto a las posibles consecuencias derivadas. En primer lugar, independientemente del factor moral del asunto, es cierto que la compra de estas tarjetas beneficiaría económicamente a los Estados Unidos. Desde un punto de vista puramente técnico-pragmático, vender unas cartas doradas por 5 millones a la unidad es una forma bastante efectiva de recaudar dinero.
Por otra parte, algunos agentes de supervisión gubernamental han advertido de que es necesario percibir las puertas que esta iniciativa abre a la corrupción. En una estructura de este carácter puede faltar control específico que revise las prácticas fraudulentas. Así pues, los inspectores públicos señalan que la Trump Card podría ser una vía de escape para personajes corruptos que buscan salvaguardar su riqueza, así como convertirse en una forma para criminales de huir de persecuciones judiciales de sus países.