Una de las constataciones más científicas de la teoría del cambio invisible y de la política de lluvia fina instaurada por Salvador Illa desde que preside la Generalitat es la dinámica de TV3. En épocas anteriores, uno podía comprobar como la televisión pública catalana, e incluso algunos medios concertados del país como La Vanguardia, sufrían ciertas mutaciones repentinas a causa de un nuevo color político al mando, traducidas en cambios en la línea editorial o en la misteriosa desaparición de ciertos tertulianos de partido. Diría que, al presidente 133, TV3 le preocupa más bien poco o, dicho de otra forma, que ha sido lo bastante sagaz para esperar a controlar la cúpula de la Corpo —todavía obra del soberanismo— y dejar "la nuestra" en barbecho. De hecho, el PSC se siente bastante cómodo con una televisión progresivamente castellanizada y donde los contenidos estrictamente políticos solo los toca Toni Soler.
En este sentido, al Gobierno ya le va bastante bien que las direcciones de la tele y la radio pública continúen regidas por el independentismo soft, que los periodistas de la cosa pública hagan aquello tan apolítico —es decir, del PSC— de ocuparse de temas sociales (la forma pedante de referirse a los "problemas reales de la gente" y etcétera), y también que los opinadores del Més 324 sean fotocopias del cuñado navideño. En este sentido, y aunque me pese, tengo que admitir que los socialistas tienen cierta cintura, ya que contemplar la estulticia de los intelectuales procesistas bien entrada la noche es una fórmula óptima para que nos pasemos al federalismo, como cuando éramos jovencitos y leíamos El País. Por todo esto y en resumen, el PSC no ha querido enfangarse con TV3 y entrar en el microclima de Sant Joan Despí, puñal en boca; contrariamente, Illa y su inteligente mano derecha, Albert Dalmau, han preferido resucitar la tele estatal en catalán.
Continuamos en el terreno de la ironía socialista, porque el invento en cuestión —anunciado por Dalmau en el programa Cafè d’idees de Gemma Nierga— se llamará 2CAT, un nombre que guarda cierta relación con la plataforma audiovisual pública catalana. La jugada tiene cierta gracia, porque la televisión empezará a emitir el próximo 11 de septiembre, como su hermana mayor, y contará con un 100% de contenidos en catalán (en eso, mira tú qué cosas, ¡se diferenciará un poco de TV3!). Con este movimiento, el Gobierno resucitará las instalaciones de Televisión Española en Sant Cugat, un macroedificio de aquellos que habrían gustado mucho a Nicolae Ceaușescu, hasta ahora absolutamente infrautilizado por conservar en él solo la redacción de deportes del ente público y el rostro imperturbable del gran Jordi Hurtado. Pero la cosa va más allá, ya que la nueva televisión será un polo de atracción para muchas de las productoras audiovisuales del país.
Muchos de los que mojan pan en "la nuestra" ya están regalando chocolatinas a sus guionistas para adaptar sus contenidos a una cadena más —cómo lo diría— española
De hecho, será interesante ver quién entra a formar parte de esta nueva parrilla televisiva que tiene muchísimas horas por cubrir; ya os aviso de que muchos de los que mojan pan en "la nuestra" ya están regalando chocolatinas a sus guionistas para adaptar sus contenidos a una cadena más —cómo lo diría— española. En esto tendrán pocos problemas, porque —aunque el común del pueblo lo desconozca— alguno de nuestros productores más indepes ya se encuentran haciendo productos para RTVE en un castellano más castizo que el de Don Miguel Delibes. Fijaos si en casa del sociata están de cachondeo que el relanzamiento de TVE en Catalunya vendrá acompañado de un proyecto para relanzar el audiovisual en catalán por todo el país (por eso le han puesto un nombre en inglés: Catalunya Media City) y el xiringo en cuestión será presidido, ¡alehop!, por el ínclito Ferran Falcó, el antiguo jefe de la sectorial convergente en la bella y próspera ciudad de Badalona.
En resumidas cuentas, todo este movimiento mediático tiene un cierto sentido: si todavía no puedes reformar TV3, mejor que te inventes una tele paralela. Al límite, yo de los socialistas aprovecharía la ocasión para comprar derechos y recuperar algunos espacios de "la nuestra" como Tres pics i repicó o para hacer una continuación de Nissaga de poder, así podríamos volver de lleno al mundo de la sociovergencia y, por lo menos, oiríamos el catalán con la fonética adecuada. Si recuperan las neutras y la ese sonora, soy capaz de precipitarme a la Fiesta de la Rosa, como un militante más.