El mundo de los espías y todo lo que se deriva tiene una opacidad natural que excita al deporte de la hipótesis confabuladora. Paradójicamente, cuantas más paranoias de la conspiración por metro cuadrado se hace la madrina, el CNI respira más tranquilo: es por eso que, a la hora de evaluar el espionaje de líderes independentistas, de Margarita Robles y de Pedro Sánchez, hay que guiarse por un cartesianismo de vuelo raso. ¿Qué sabemos a ciencia cierta, en todo este lío? En primer término, sabemos que aquello que hace nada más una semana era una causa contra el independentismo ahora tiene como centro erógeno del espionaje la más alta instancia del Estado. Segundo; sabemos que, a diferencia de muchos líderes mundiales espiados por Pegasus que han pasado de puntillas sobre el asunto (entre ellos y por ejemplo, el entorno más próximo a Boris Johnson), el capataz del PSOE dejó sin festivo a su ministro más fiel para que publicitara el escándalo a viva voz.

Como ya escribí hace una eternidad, España se está procesizando a una rapidez estratosférica. Consciente de que tenía que solucionar el asunto del #Catalangate, Pedro Sánchez ha imitado a los líderes del procés y los ha neutralizado monopolizando su discurso victimista. Muy pronto, en Catalunya pero también en el Estado, habrá una auténtica ansia para entonar la frase "a mí también me han espiado". La técnica es de manual: mostrándose como objeto de espionaje, el presidente del Gobierno disemina el agravio de los espiados catalanes para compartir su desdicha. Supongo que, a estas alturas, no hay ni una sola alma candorosa que se trague el hecho de que el Estado descubriera la intromisión al teléfono de Sánchez y Robles este pasado fin de semana. El presidente español es fiel a su manual: para solucionar el aparente embate independentista, hace pública su herida y vuelve a controlar el tablero.

Sea fruto de una intromisión marroquí o de un agente descarrilado del CNI, Sánchez podrá aprovechar la ocasión para hacer dimitir a alguno de sus adláteres y, con este simulacro de orden y transparencia, el tipo tendrá la cara de afirmar que el suyo es un gobierno que protege incluso a los secesionistas

En esta tesitura, la victoria de Sánchez es total: sea fruto de una intromisión marroquí o de un agente descarrilado del CNI, Sánchez podrá aprovechar la ocasión para hacer dimitir a alguno de sus adláteres en los servicios secretos o incluso a la ministra espiada (los dimisionarios, no sufráis, serán recolocados muy pronto en otro cargo o en el respectivo consejo de administración) y, con este simulacro de orden y transparencia, el tipo tendrá la cara de afirmar que el suyo es un gobierno que protege incluso a los secesionistas. La acrobacia os puede parecer tan cínica como inverosímil, pero, a día de hoy, Sánchez siempre ha sobrevivido a los callejones sin salida de la politiquería. A su vez, si tiene que escoger entre la credibilidad de los espías y jueces españoles y su propia supervivencia, el dilema no le rondará por la mente ni un solo minuto. Si alguien necesita asesorías de jugadas maestras, que pique a su puerta.

Paralelamente a toda esta pantomima, es una realidad palmaria que los líderes catalanes han utilizado de forma pésima la información que Roman Farrow y CitizenLab les habían regalado. Como se puso de manifiesto el mismo día del estallido del #Catalangate, había muchos líderes del país y plataformas cívicas como Òmnium que conocían el espionaje de hacía tiempo y que lo han ido escondiendo a la ciudadanía para ver cómo lo podían hacer explotar con el único objetivo de engordar la nómina de socios y encarar mejor las municipales. Supongo que, a estas alturas de la peli, a nadie le sorprende tampoco el hecho de que esta supuesta ignominia haya salido a la luz paralelamente al ruego de muchos propagandistas de la tribu para volver a una lista cívica del independentismo en las próximas elecciones del Parlament. Por fortuna, la mayoría de ciudadanos ya no se tragan este oscurantismo de pacotilla.

Dicho de otra forma, la mayoría de independentistas saben perfectamente que las cloacas del Estado no las conforman sólo los espías y los mandatarios del reino, sino también los políticos catalanes que aprovechan el fango español para elaborar sus castillitos de boñigas imaginarias con tal de engañar a los electores por enésima vez. Afortunadamente, todo se va clarificando y cada vez resulta más patente que la actual élite independentista tiene fecha de caducidad. Dicho esto, insisto en mi pregaria. Queridos enemigos, queremos escuchar los audios. Si me permitís escoger algún fragmento especial entre toda la chicha robada al presidente, querría repasar una y otra vez los fragmentos en los que Sánchez y Junqueras pactan el indulto a cambio de volver a la vía pujolista y que todo el mundo sea un buen chico. ¡Ay calla, que a Junqueras no lo han espiado directamente! Ya ves qué cosis que tiene la vida. Mira que son ineptos, los españoles...