Mi padre siempre nos contaba la anécdota de cómo se enteró de que un reputado chef con tres estrellas Michelin tenía una amante. Cuando vio cómo su secretaría le decía "el café era con leche", con un tono muy reconocible. Los amantes siempre se descubren por las miradas, según las películas. Según los aromas, en los libros. En la vida real es, más por lo que se dicen, por el tono que se utiliza. Yo misma pillé en cuanto|así que mi amiga tenía una aventura, cuando detecté aquella manera de pedirle como le tenía que hacer la foto. Con aquella confianza que solo una cierta intimidad te permite tener. Un tono que quizás Ferragnini también oyó|sintió, pero cuando estás absorta en la crianza o en la carrera, a veces prefieres ni escucharlo. El amor es necesario, pero no suficiente, leo en una de las Contras de Víctor Amela. A veces, damos las cosas por descontadas y las red flags eran más que evidentes.
El amor platónico siempre acaba ganando a la rutina del verdadero amor
Una teoría que normalmente funciona es conocer a una persona a través de su nevera. "Eres lo que comes", como sigue divulgando Núria Coll. Esta sería la variante gastro a la de entrar en una nueva casa y ver qué libros tienen en las estanterías para captar su carácter. Si la cita en cuestión tiene pocos, es otra bandera roja. Porque se necesita muchísima lectura para poder digerir la realidad. Como cuando oyes decir eso de "pero en el fondo era buena persona" también hay que programar las alarmas. Pues resulta que en las relaciones interpersonales no se trata de buscar petróleo, sino de que fluyan. Santi Millán —perdón, su seudónimo es Second Match (artista transformista)— hizo una genial exposición en la Pigment Gallery, "Santificado", donde cambia la mirada de lo sagrado. Sin pecado complacida (una virgen con un Satisfyer) fue la obra que más me gustó. En la peli Baby girl (un thriller erótico protagonizado por Nicole Kidman), se habla de cómo las fantasías femeninas dan vergüenza ajena. No porque den vergüenza en sí, sino porque nosotros somos (o éramos) incapaces de explicar lo que queremos. Seguramente por educación o porque al cónyuge no le interesaba tanto averiguarlo. O simplemente porque de tanto seguir los sueños y las fantasías sexuales de los demás, nos hemos olvidado de los nuestros. Creo firmemente que esta película va de educar a tu marido (en este caso, Antonio Banderas) más que de cambiar tus deseos. Para que cuando te mires en el espejo no te parezca que estás viendo a tu madre. Igualmente, por muy feminista que creas que eres, estás secretamente juzgando el físico de la protagonista. No es maldad, es que la vista no para de pensar por qué la Kidman tiene ese rostro hierático, esas rodillas tan vividas y esas manos tan delgadas. Los filtros del machismo tardan siglos en marcharse de la mirada. Ella le es infiel porque es cierto que nosotras tampoco somos tan santas. Como decía la canción de Los Rodríguez "Y vamos a beber de esa copa, que no está tan rota", pero cuando lo haces, te cortas los labios.
Cuando no puedes despegarte de la foto es porque no vas a buscar en el carrete todas las malas que hay. La memoria, que acaba igualando lo negativo con lo positivo, pura supervivencia. "¿Cuándo estaré curada?", le pregunto a mi brillante psicóloga. "Cuando hablar de él no duela tanto". Lo que aprendí de La La Land es que esa canción de jazz es esa idea de relación que tenías con esa persona y que no fue posible. El amor platónico siempre acaba ganando a la rutina del verdadero amor. O no, a veces hay cápsulas de café que tiras y no estaban ni utilizadas. Porque a veces solo nos hacemos una Oroley porque la casa queda inundada del aroma de café. Otras, te desvela más un vaso de leche de un solo trago, como a Nicole Kidman cuando se alzó con el galardón en la National Board of Review Gala de Nova York. Porque aunque veas gestos de tu abuela en tu madre, tú tienes que entender si el café con leche te gusta con azúcar.