Se está jugando el Seis Naciones de rugby. E Irlanda puede ganar su tercer título consecutivo, algo nunca visto. Pero esto, lejos de ser una buena noticia, puede poner al país en crisis. Resulta que, normalmente, Irlanda tiene una reserva de Guinness para una semana, con el objetivo de satisfacer picos inesperados de demanda, ya sea por alegrías o por tristezas. Y ya se sabe que la cerveza negra —al menos eso dice el tópico— gusta mucho a los aficionados al rugby. Y a los jugadores, claro. En este deporte de hooligans jugado por caballeros, existe una característica sagrada: el tercer tiempo. Aquel en el que los jugadores de ambos equipos, tras romperse la cara durante 80 minutos, comparten unas cervezas.
Bien, el caso es que, desde hace unos meses, se ha disparado un 20% el consumo de Guinness. Entre otras cosas, por culpa (¿de quién, sino?) de las redes sociales. Al parecer, entre la generación Z se ha hecho viral un desafío que consiste en trazar, con el primer trago, una línea entre la espuma y el líquido, que atraviese justo por la mitad la letra G de los vasos en los que se sirve en los pubs. Además, también ha aumentado su consumo entre las chicas, rompiendo el tópico del fornido hombre blanco de mediana edad con espuma de cerveza en el bigote. El aumento del consumo en Navidad ya hizo que muchos pubs de Gran Bretaña se quedaran sin esa cerveza. Y en algunos pubs de Londres, te exigían tomar dos de otro tipo antes de servirte una Guinness. Para alegría de las demás marcas, claro.
En Irlanda, un San Patricio sin Guinness sería un drama nacional
¿Y qué ocurre con la reserva espiritual del banco central de la Guinness? Pues que Diageo, la multinacional propietaria de la marca, ya tuvo que desviar en Navidad la reserva irlandesa hacia Gran Bretaña. Y el país se quedó con barriles para solo un día. Además, otro factor que ha contribuido a la ley seca es el retraso que lleva la apertura de una segunda fábrica de Diageo en Kildare, ochenta kilómetros al sur de Dublín, que doblará su capacidad de producción y permitirá que la fábrica de Saint James Gate se dedique solo a la cerveza negra. Pero, vamos, que las obras van con retraso.
Así que el 8 de marzo se juega un Irlanda-Francia en el Aviva Stadium de Dublín que será decisivo. Y el día 15, el 'XV del Trébol' juega su último partido, en Roma, contra la cenicienta Italia. Entonces, Irlanda debería tener garantizada su poción mágica. Y no, no basta con barriles de reserva para solo un día. Porque resulta que tan solo dos días después, el 17 de marzo, es San Patricio. Y un San Patricio sin Guinness sería un drama nacional, a la altura de un Valls sin calçots, Palamós sin gambas, el Pirineo sin ternera, el Delta sin arroz, la Garrotxa sin fajols, Reus sin avellanas, El Prat sin alcachofas, Les Garrigues sin aceite y El Perelló sin miel.