Catalunya tiene razones que las redes sociales desconocen. Pere Lluís Font (1934), filósofo, profesor y experto en Pascal, ha sido reconocido con el 57.º Premi d'Honor de les Lletres Catalanes por su contribución al campo de la filosofía en lengua catalana y por haber sido potenciador de la filosofía en lengua catalana en el ámbito europeo. Lo sabemos si leemos los diarios, pero no lo conoceríamos si solo nos moviéramos entre redes sociales, que han hablado menos y no valoran lo suficiente la figura de este gigante de nuestra cultura, un sabio en la línea del padre Batllori y de los grandes pensadores que esta catalana tierra nos lega. Pere Lluís Font no es solo filósofo, también es teólogo. Nació hace 91 años en Pujalt, en el Pallars Sobirà. El pueblo tiene 29 habitantes y hace 90 años tenía 35. De aquella tierra ha salido un cerebro espectacular que, como bien define mi compañero de universidad, también filósofo, Ignasi Boada, “ha hecho compatible el cristianismo con la época que nos ha tocado vivir”.
En el volumen que Qüestions de Vida Cristiana ha dedicado a Pere Lluís Font, Boada describe cómo Pere Lluís Font ha reconocido que “el cristianismo vivió plenamente adaptado en la cultura medieval. En cambio, con la irrupción del pensamiento moderno, el cristianismo ha vivido con una tensión y una incomodidad casi constantes”. Font, “como filósofo cristiano, ha sabido articular de forma integradora y equilibrada un mundo complejo y relativamente cambiante”, concluye Boada. Pere Lluís Font se formó en Tolosa de Languedoc y en Roma e impartió docencia en filosofía en la Universitat Autònoma de Barcelona de 1968 a 2004. Antes, de 1964 a 1968, había dado clases en la Universitat de Barcelona. Josep Ramoneda reconoce que de Pere Lluís Font aprendió la palabra “enraonar”, que es la palabra que utilizaba siempre mi abuela Tureta, “razonar compartir”, “entrar en razón juntos”. El intelectual católico catalán a quien ahora honran las Lletres Catalanes encarna este acto colectivo de entrar en razón, de vivir razonablemente bien con los vecinos (sean ideas o sobre todo, personas).
Un hombre conectado, anclado. Un faro, un sabio, un regalo para el intelecto y para el espíritu
Sus discípulos destacan de él el rigor, las clases magistrales, bien preparadas. La capacidad de estar, de acompañar, con la distancia del pensamiento y el calor de la persona consciente y responsable. El cuidado por la lengua, que defiende y promueve. El espíritu crítico. Todos los ingredientes que hacen falta para un buen magisterio. Font ha publicado numerosos trabajos sobre la historia del pensamiento cristiano, considerándolo inseparable de la historia de la filosofía. Sus compañeros son Descartas, Montaigne, Espinoza, Kant, Pascal... La Fundació Joan Maragall, que conjuga fe y cultura, lo tuvo desde sus inicios como promotor y ha sido miembro de su Patronato y ha ejercido el cargo de vicepresidente. También es miembro emérito del Institut d'Estudis Catalans y miembro numerario de la Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona. Ha recibido la Creu de Sant Jordi y es doctor honoris causa por la Universitat de Lleida.
Gran conocedor de Blaise Pascal, ha sido también su traductor, no solo lingüístico. Le agradezco que haya puesto su intelecto también al servicio de una cuestión no menor, y es el de la presencia y papel de las mujeres en la Iglesia. Editó uno de mis libros de cabecera (“Una altra mirada. Deu dones i el cristianisme”), editado por Cruïlla y la Fundació Joan Maragall, en el que presenta el cristianismo con ojos femeninos a través de figuras como Hildegarda de Bingen, Edith Stein o Simone Weil, y reconoce que “es obvio que la desproporción entre la presencia de hombre y de mujeres entre los creadores de cultura, cristiana o no, en nuestra tradición, no es una cuestión de diferencia de aptitudes o de talento, sino que es una cuestión de condicionamientos culturales: una cultura patriarcal como la que tenemos detrás, hecha casi solo por varones y para varones, discrimina a la mitad de la humanidad”. Un gran filósofo diciendo lo que pancartas militantes feministas repiten por las calles. Un hombre conectado, anclado. Un faro, un sabio, un regalo para el intelecto y para el espíritu.