Las portadas de hoy envían un único mensaje: el Gobierno dirigirá el desconfinamiento y el llamado "retorno a la normalidad". De todo lo que la única autoridad competente ha hecho u omitido estas semanas de recentralización militarizada, lo que interesa es exactamente eso: que nada se escape a su control, aunque sea a costa de laminar derechos y libertades, de dañar la estructura constitucional del Estado, o de los numerosos y destacables errores en la gestión de la pandemia.

Las portadas de hoy no dejan mucho espacio al optimismo. ¿Si hasta ahora el manejo de la pandemia por los gestores conocidos tiene los resultados que ya conoces, por qué el "retorno a la normalidad" tendría que ser mejor? "Si siempre haces las mismas cosas obtendrás siempre los mismos resultados", decía Einstein. En los diarios, al menos en sus portadas, no se advierte ni una miaja de escepticismo. Sólo dicen amén.

Tiene gracia leer en El País que Canarias y Murcia están muy decepcionadas porque tenían planes precisos para desescalar. Tan precisos como los de la Generalitat, para ser exactos. Ya se ve cuál es el interés de fondo y cuál la preocupación que late bajo esta operación centralizada —con los diarios de Madrid agachando la cabeza. Como contraste, La Vanguardia abre con la aprobación de los presupuestos en el Parlament en medio de diversas ofertas de pactos y acuerdos.

Quizás merecía más suerte en las portadas el llamamiento del president Torra a "todo el talento que tiene el país" para encarar la post-pandemia. Torra se ha comprometido a sumar el Govern con los protagonistas de la vida económica, social, política, cultural e investigadora en "una respuesta inclusiva donde todos nos escuchemos para construir el futuro "de una manera disruptiva". Es un discurso diferente, incluso opuesto, al de la única autoridad competente. Suena bien —habrá que ver sus resultados.

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