La concejala del grupo municipal Guanyem de Cerdanyola, Laura Benseny, ha denunciado vía Twitter un encontronazo con la Guardia Civil por dirigirse en catalán. "Todo habría sido más sencillo si hubiéramos hablado español", ha afirmado.
Benseny explica que subiendo al pequeño municipio del Pallars, Àreu, fue parada por la Guardia Civil en la entrada de Baro, una localidad que pertenece al municipio de Soriguera. La policía española preguntó a la concejala hacia dónde se dirigía y esta respondió en catalán: "Anem a Àreu". Esta respuesta desembocó en un registro de todo el vehículo, maletero y mochilas incluidas.
La Guardia Civil llegó al punto de insinuar que el Ibuprofeno podría ser alguna sustancia ilegal. ¿"No es cocaína o heroína"?, interrogó el policía a la concejala, que iba acompañada de su hermana.
Laura Bensey también asegura que la policía española, una vez hecho el registro de todo el vehículo de cabo a rabo, reprobó: "Espero que cuando salgan a España hablen español. Yo no quería venir a Catalunya".
El hilo de la concejala cerdanyolenca, donde explica todos los hechos, finaliza con una pequeña reflexión: "Todo habría sido más sencillo si hubiéramos hablado español desde el principio, pero tenemos derechos lingüísticos. Y los tenemos que utilizar siempre que tengamos los papeles del coche en regla y tiempo para pasar el registro".
La catalanofobia también en el arte
La catalanofobia está presente por todas partes, también en el mundo del arte. La reputada pareja de artistas Sean Scully y Liliane Tomasko han abandonado Barcelona porque están cansados de oír hablar catalán. Así lo han anunciado en un reportaje del diario británico Financial Times, que recoge que la decisión de los pintores "fue impulsada por el crecimiento del nacionalismo en la ciudad que habían amado".
Amaban la ciudad, pero no amaban la lengua. En la capital catalana, "ibas a reuniones y hablaban completamente en catalán, como diciendo jódete", dice Scully. "Había demasiado de eso (catalanismo), lo hizo imposible", añade Tomasko. Finalmente, no pudieron aguantar en Barcelona por esta mierda".
Más de una década sin "aguantar" el catalán
Las aventuras del pintor irlandés en Catalunya se pueden remontar al año 2005, cuando concibió un proyecto artístico para la iglesia románica de Santa Cecília de Montserrat. Después de un mínimo de quince años de su llegada al país, Scully no aguanta el catalán, pero sí que habla el español "con fluidez". Según el Financial Times, eso es "un guiño a sus años en Barcelona".
El hijo de la pareja también habla el castellano de manera fluida, pero su madre se ha quejado de que en el patio de la escuela le dijeron que tenía que hablar catalán. El niño se llama Oisin y ya tiene doce años.