La proliferación del uso del ChatGPT provoca un consumo de energía elevadísimo que la población desconoce. La inteligencia artificial (IA) no es mágica y necesita energía para responder a todas las consultas que se le hacen. El ChatGPT, que nació en 2022, ya se ha integrado en el día a día de la gente, llegando en febrero de este año a los 400 millones de usuarios activos mensuales a escala mundial. En el Estado español el crecimiento de usuarios es significativo, ya que se ha pasado de 1,4 millones en diciembre del 2022 hasta los 4,1 millones en octubre del 2023. Su uso tiene un impacto al medio ambiente porque supone un gran gasto de energía y agua para enfriarse. Según ha revelado National Geographic, cada consulta que crea un texto de 100 palabras consume, de media, 519 mililitros de agua. Cada vez que responde 10 preguntas gasta un litro de agua. El consumo del ChatGPT se ha disparado especialmente en los últimos días a raíz de la moda que se ha hecho viral en las redes sociales de convertir una fotografía en ilustraciones de manga.

Se trata de las imágenes que imitan el estilo de las películas de la productora japonesa Studio Ghibli. Los usuarios pueden colgar la imagen a ChatGPT, Gemini de Google o Grok de X, seleccionar el filtro de Studio Ghibli y te crea una imagen de dibujos animados que recuerdan a películas como El viaje de Chihiro o mi vecino Totoro.

Gran consumo energético

El National Geographic señala que la creación de cada una de estas imágenes consume entre 0,01 y 0,1 kilovatios la hora. Supone una cantidad de electricidad que hace que los servidores se calienten y para enfriarse después de cada ilustración necesita el equivalente a una cucharadita de agua para enfriarse. Según un informe de ChatGPT, “una central térmica o nuclear puede consumir entre 0,5 y 2,5 litros de agua por cada kWh de electricidad que produce”. El consumo que puede parecer ínfimo se magnifica si se analiza a escala global. Si solo el 10% de la población activa en Estados Unidos utilizara este servicio semanalmente, el consumo anual de agua ascendería a más de 435 millones de litros, lo que sería suficiente para proveer todos los hogares de un estado como Rhode Island, de un millón de habitantes, durante un día y medio, según un análisis de The Washington Post en conjunto con investigadores de la Universidad de California en Riverside.

Cada respuesta de 100 palabras también implica un consumo medio de 0,14 kilovatios-hora (kWh), suficiente para alimentar 14 bombillas LED durante una hora. Multiplicado por millones de usuarios, el impacto es abrumador. Si solo el 10% de los trabajadores estadounidenses usara esta tecnología semanalmente, el gasto anual de electricidad equivaldría al consumo energético de todos los hogares de Washington D. C., de más de 600.000 habitantes, durante 20 días.

El sistema de ChatGPT funciona gracias a un modelo de lenguaje, es decir, una red que utiliza cálculos probabilísticos sobre la base de los millones de datos que extrae de internet para construir frases plausibles. Así pues, cada vez que se hace una consulta, el sistema tiene que ejecutar una serie de cálculos para obtener una respuesta. El proceso de constante ensayo y error supone un gasto energético elevado —entre cuatro y cinco veces más que una búsqueda en Google— que provoca el aumento del consumo. Los centros de estas respuestas tecnológicas se concentran en grandes naves industriales donde hay miles de columnas de ordenadores que trabajan constantemente para almacenar millones de datos. Esta tarea genera cantidades de calor que se tienen que enfriar. Varios estudios científicos han calculado que el mantenimiento de este equipamiento genera más del 2% de las emisiones mundiales de carbono, una cifra se podría multiplicar hasta 10 veces para el 2030.

A la búsqueda de soluciones

Ante estas cifras cada vez más alarmantes, las empresas de inteligencia artificial se han comprometido a diseñar circuitos cerrados que permitan reutilizar toda el agua que utilizan para enfriar los servidores. Por ejemplo, Microsoft firmó un acuerdo para comprar toda la energía generada por el reactor nuclear de Three Mile Island, cerrado desde 2019, que permite reducir el consumo eléctrico en su centro de datos. Sin embargo, el reactor no estará operativo hasta el 2028, y persisten preocupaciones sobre la gestión de residuos radiactivos.

Por su parte, Google se ha comprometido a reponer el 120% del agua que utiliza para 2030, aunque un informe reciente reveló que solo consiguió reciclar un 18% del agua que consumió en 2023. Otros han intentado reducir el despilfarro enfriando los servidores con aire acondicionado, aunque también supone un aumento del consumo de electricidad.