No todos los huevos son iguales. Los hay de una calidad excepcional y otros de los que podemos dudar. Y esto no depende del precio al que te venden la docena. Tampoco del embalaje y la presentación, que muchas veces tiene más calidad que el producto. Ni mucho menos de dónde los compras o de dónde dicen que provienen. Para saber la calidad del huevo hay que abrirlo. Eso sí, solo hay que fijarse en unos detalles claros para comprobar si tienes unos huevos de calidad o te han vendido unos que hace tiempo que dejaron de ser frescos.
Cómo podemos reconocer la calidad de un huevo
Cobardes y gallinas —el nombre te puede gustar más o menos, pero nadie podrá decir que no es original— son una tienda de productos naturales cuya especialidad son los huevos camperos. Hace pocos días que han publicado un video en sus redes sociales (@cobardesygallinas) en el que explican a la perfección cómo podemos reconocer la calidad de un huevo en 6 sencillos pasos.
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La cáscara. Debe ser fuerte, de esas que cuesta cascarla y tienes que dar un buen golpe contra la encimera para que rompa. Esto quiere decir que la gallina es joven y, también, que está bien alimentada. El tamaño. Es fácil dejarse llevar y lanzarse a por los huevos grandes, sobre todo si eres comilón. Pero debes saber que esos huevos proceden de gallinas ya mayores, mientras que los pequeños y medianos son de gallinas más jóvenes. Además de la diferencia de tamaño, también hay diferencias nutricionales, siendo más ricos los pequeños.
Una clara en dos partes. Cuando rompes el huevo hay que encontrarse dos partes, una que es más acuosa y se cae como líquido y otra parte que es más gelatinosa y cuelga. “Cuando tú rompes un huevo y esto es una sopa, malo. Debe tener esa parte más espesa y que, además, esté integrada con la yema y cueste separarlo”, destacan los expertos en huevos. Esa especie de gel o clara más sólida debe costar separarla de la yema, tanto que es necesario meter la mano y no vale el truco de pasarlo de cáscara a cáscara.
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En la yema se deben ver una especie de líneas blancas. “Son unas espirales de proteínas que hacen que la yema siempre esté en el centro”, destacan desde Cobardes y gallinas. Además, la yema que queda al separar la clara “es una yema súper esférica y súper brillante, que parece una pelota de ping-pong. Es muy puntuosa, grasa y colorada”, relatan los hueveros enamorados de su producto. La membrana vitelina. Esta parte del huevo, que no es ni la clara ni la yema, es la parte esencial en la que hay que fijarse para comprobar que un huevo es de calidad y fresco. Es la parte que rodea a la yema. “Si está fuerte, aguanta y la puedes menear sin que se rompa, estás ante un buen huevo. Nosotros hacemos lo que se llama la prueba de los cinco segundos: si no aguanta cinco segundos así, no vendemos los huevos”, relatan tajantes.
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La calidad de un huevo también se ve mucho en el culo del huevo, cuando lo abres se aprecia una burbuja. Cuanto más pequeña es esta burbuja, más fresco es el huevo. Por eso, en los huevos que flotan, esta burbuja es muy grande. Y entonces ya no es un huevo fresco, que es cuando han pasado 20 días. “Esos huevos no los puedes coger, toda la clara es una sopa”, subrayan los expertos. Por último, aunque no depende exclusivamente de la calidad, es importante el color. Esto no marca si un huevo es bueno o no, ni tampoco si es fresco, solo indica la alimentación que ha recibido la gallina. En este caso, ese tono tan rojizo es debido a que en su alimentación se incluye pimentón de la vera. Es decir, que estamos ante unas gallinas gourmet y eso, en el plato se nota, aunque sea un huevo duro.