¡Hola, hola gourmeters! Hay esquinas en Barcelona donde parece que no hayan pasado los años, como es el caso de la esquina donde se cruzan la calle de Provença y la de Aribau. Este cruce, ya en 1900, era un punto de encuentro para los conductores y encargados de las líneas de tranvía que atravesaban la capital catalana. A partir de los años 50, bajo la gestión de la familia Mauri, el espacio donde ahora está el restaurante que reseñamos, se convirtió en un espacio querido por los alumnos de las escuelas próximas y vecinos del Eixample. En esta mítica esquina está ahora el restaurante SOMA, que como indican en su carta, pretenden mantener vivo este punto de encuentro para seguir escribiendo "la maravillosa historia de nuestra ciudad". El restaurante SOMA es un espacio íntimo y tiene una terraza que recuerda a una parisina, y sus toldos verdes lo hacen único.
Hoy tocan tapas de las buenas que combinan la cocina catalana con la italiana. El local es muy pequeñín e informal, y su barra de los años 60 es de estas donde no te importa si te toca sentarte porque el local está lleno. Spoiler: hoy probaremos el mejor flan tradicional que nunca me he puesto en la boca, pero no nos adelantemos. Empezamos con un mordisco fresco y exótico, un carpaccio de gambas con salsa de cacahuete y picada de verduritas. La salsa recuerda a un curri tailandés, pero en su versión más suave, la picada le aporta frescor y, sinceramente, más que carpaccio es una señora gamba fresca, carnosa y delicada. Continuamos con otro pescado crudo, una lubina marinada con mayonesa de hierbas y aceite de cebollino, muy ligero.

La mejor manera de comer burrata
Llega a mesa lo que, de lejos, parecen unas rodajas de butifarra negra, pero nada más lejos de la realidad, se trata de unas galletas de socarrat de risotto, negras, con un tártar que diría que era de calamar y un toque cítrico que lo llevaba lo que parecía una esferificación. La galleta es crujiente y os aseguro que nunca os comeréis un risotto de una forma tan original. Turno para la burrata, que si bien es un plato que no acostumbro a pedir, os aseguro que si vuelvo al restaurante SOMA repetiré; aquí la sirven encima de una berenjena asada y con un pesto de tomates secos y almendras. La cremosidad de la burrata con el crujir de los trozos grandes de almendras del pesto es un gran acierto. Para acabar los entrantes una coliflor asada con un 'ajoblanco', para mezclarlo todo y disfrutar de esta combinación de la verdura crujiente con esta sopa fría a base de almendra, ajo y miga de pan.
No os mentiré, cuando me planteé ir al restaurante SOMA lo hice muy influenciada por el gran número de veces que he visto sus 'rigatoni' (parientes del macarrón) en Instagram y TikTok. El plato llama la atención, ya que se trata de unos 'rigatoni' derechos y rellenos de un ragú (un estofado de carne que puede llegar a recordar a una boloñesa) sabrosísimo, están regados con una salsa de queso suave y una demi-glace de gusto potente. ¡Si bien la pasta nos ha encantado, lo ha hecho más todavía la carrillera de ternera con una base de crema de zanahoria que de tan tierna que era se podía romper con cuchara! Un 10.

El flan con el cual soñaré durante una buena temporada
Acabamos de la mejor manera posible, con el que ahora mismo es mi flan favorito del mundo mundial (abuela, lo siento). El flan del restaurante SOMA es el clásico, sin filigranas, es muy cremoso y yo estaba convencida de que llevaba algún tipo de queso, pero me han asegurado que no. No cometáis mi error compartiendo este flan, si alguien quiere, que se lo pida. Además del flan de mis sueños, también ponemos punto final a la cena con una ganache de chocolate con avellanas garapiñadas y un caramelo salado muy espeso que a mí me ha recordado a un toffee. Se come mojando unas tpstaditas de pan y eso, en mi opinión, podría sustituir cualquier merienda de pan con Nocilla o Nutella.

En definitiva, el SOMA ofrece una experiencia gastronómica que combina creatividad y producto de calidad en un ambiente acogedor. Cada plato sorprende por su atención en los detalles y el equilibrio de sabores. ¡Sin duda, una apuesta segura para los amantes de la buena cocina en la ciudad!