La cocina de alta montaña es magnífica y deliciosa, y una escapada a Andorra es estimulante. Si a esta combinación le añades una cena de Sergio y Javier Torres al restaurante Refugi del Llac de Pessons, en el sector Grau Roig de Grandvalira, la experiencia difícilmente puede ser mejorable. Así pues, nos concentramos una setentena de comensales con una elevada expectación en este espacio que se especializa en la alta cocina de montaña desde hace 30 años, en uno de los sitios más idílicos del Principado de Andorra, concretamente a 2.300 metros de altitud.
Una cena estrellada en Andorra bajo los fogones de los Hermanos Torres
Las alertas de las agencias meteorológicas con respecto a la nieve y, sobre todo, a las fuertes rachas de viento no eran esperanzadoras, pero el empuje de la buena gastronomía no se frena así como así. Con todo, carretera arriba —y, posteriormente, retrac— para que personalidades y amigos nos reunimos en el bucólico restaurante donde esta fría noche del sábado se cobijan las ideas y la monstruosa creatividad de los Hermanos Torres.

Los cinco grados negativos con los que llegábamos era el peaje a pagar para tener la suerte y el privilegio de estar en una localización inmejorable para probar un menú diseñado por dos chefs con tres estrellas Michelin. Una buena hoguera nos calentaba en la entrada del restaurante, en cuyo interior celebramos una preciosa velada en un comedor cálido y construido entre paredes de piedra. Rústico, familiar y acogedor podrían ser los adjetivos más adecuados de esta cena que arrancaba con una copa de cava y las primeras conversaciones para romper el hielo.

En este impasse entre el picoteo de pie y el momento de sentarse, pudimos degustar —más de una vez— las impresionantes ostras al Jerez servidas en bandejas de plata. Ya sentados, y realizado el protocolo de conocerse con la compañía con quien te sientas a la mesa, empezamos la manduca con un par de entrantes.

El tartar de Rubia gallega con crujiente de encurtidos, de una banda, y la tartaleta de tocino ibérico, trufa y almendras, de la otra. Dos tapas alegres y muy bien presentadas que dejaban entrever la exquisitez del menú que se estaba ejecutando. “Creemos que ahora estamos en un momento por encima de las estrellas”, declaraba la dupla talentosa en una entrevista en La Gourmeteria hace escasos meses. Y es evidente que su baluarte en Barcelona y los otros restaurantes que han ido abriendo por la capital catalana son buena prueba de esta sentencia.

Se puede creer que en una cena así, más informal y calmada para disfrutar, se podrían relajar. Nada del otro mundo, porque los genios lo son siempre: día y noche, y sea el restaurante que sea, por mucho que les implique colaborar y ensuciarse las manos con un equipo que no es el suyo. Nada les para en el camino del éxito y ser perfectos.

Adentrándonos en la comida, nos encontrábamos unos platos principales cargados de significado. En primer lugar, una sopa de cebolla, inspirada en la tradición andorrana, pero con un giro único, ya que las cebollas provienen de los campos de Fuentes de Ebro, cultivadas por el padre de los chefs y con denominación de origen. Acompañándola, una loseta de parmesano con trufa de invierno, evocando la rosa de Barcelona y trazando un puente gastronómico entre la capital catalana y las montañas andorranas.

El viaje prosiguió con unos guisantes del Maresme, sublimados con una salsa de jamón ibérico y migajas del pastor. Textura en boca impresionante que, por si no era suficiente, venía seguido de un arroz en la lata con aceitunas negras y un exquisito bloque de buey curado durante cien días en bodega, marca de la casa de la buena gente de US Beef.

La experiencia culinaria cerró con un toque dulce y evocador: La Era de Cacao, unos postres donde el chocolate se convirtió en el protagonista de un final memorable. Ya con los estómagos llenos y las sonrisas de oreja a oreja por esta oda culinaria, Sergio Torres explicó que la propuesta que habíamos probado para la ocasión era la cocina que podemos encontrar en el Cocina Hermanos Torres, la que hacen en el restaurante, “pero que hemos adaptado para aquí. Hacemos un viaje entre Barcelona y Andorra”, finalizó en un aplauso y un reconocimiento a la maestría en los fogones de esta familia.