El nuevo Port Olímpic busca reivindicar su papel en el ocio, adquirido después de los Juegos Olímpicos de 1992, con una remodelación de espacios e infraestructuras que hoy es una realidad y que ha durado alrededor de cuatro años. Los restaurantes y el ocio nocturno cogieron el testigo del resplandor olímpico, pero con el paso del tiempo, los barceloneses y visitantes la abandonamos gradualmente. Lejos quedaba el espíritu del Talaia Mar, el restaurante gastronómico más preeminente del emplazamiento, bajo la batuta bulliniana y que contó con talentos consolidados en los fogones como Carles Abellán, Sergi Arola, Alex Montiel, Marc Singla (ahora al frente de su propio proyecto, el Mar Salada), Artur Martínez (Aürt) o Dani Lechuga (Bardeni) o Oriol Balaguer en la partida de postres. Para muchos, como ha manifestado Philippe Regol, era elBulli en Barcelona.
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El Talaia Mar fue faro gastronómico de 1994 en el 2004. Justo veinte años después, en el 2024, finalizaba la remodelación con una clara apuesta por la gastronomía con el Balcón Gastronómico. La responsabilidad recae en varios operadores, entre los cuales se cuenta desde estrellas Michelin —Eldelmar— en Família Nuri, a expertos en la gastronomía litoral. Con el restaurante Nuara, precisamente, Laura y David Noguera, tercera generación de la familia que fundó Núria (Nuri) Calafell junto con su marido Jordi Noguera, sienten que han cerrado el círculo: “Hace treinta años que ofrecemos gastronomía marinera prácticamente junto a la arena y el mar”, asegura con orgullo Laura, “y la oportunidad de sumar al Balcón con un proyecto de continuidad, nos hizo mucha ilusión”.
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Continuidad en tanto que el mar perfuma la carta, hilo conductor de todos los restaurantes del grupo familiar (Bar Nuri, Ca la Nuri Platja, Xiroi o Arrozal), pero la ubicación les ha dado alas para dar un paso adelante y ofrecer en Barcelona su restaurante soñado: “La cocina, que ha diseñado David, es un espacio abierto fantástico que nos ha permitido incorporar la brasa”. Y el fuego, como pasa desde la antigüedad, hila todos los platos, predominando el pescado. Es la parrilla abierta el corazón que late, lo que primero recibe la mirada de los comensales cuando miran la cocina también abierta y se encuentran piezas cocinándose.
Esta cocina prémium reclama el mejor producto del mar y de la tierra: del mar, llegan corvallos, rodaballos, lubinas, escórporas y otras exquisiteces de la lonja, y de la tierra, piezas de chuletones, filetes y entrecots de frisona y minhota gallega. Producto desnudo, cocinado con poca intervención o en crudo (ostras Guillardeau o el atún Balfegó en un solvente tártaro) anudando recetas que, no obstante el impacto de la tendencia de la brasa, no olvidan los orígenes de hervor y cocina popular de la Núria en el Poblenou, cuándo el año 1962 abrió la semilla del negocio familiar: el morro de bacalao confitado (con vichyssoise de calçots y alcachofas) está presente, y da confort.
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Al frente de la cocina encontramos en unos entusiasmados a Àlex Jiménez y David Noguera, disfrutando del producto y de poder servir piezas grandes, para compartir, con guarniciones clásicas como las patatas fritas, verduretes de temporada, ensalada o pebrotets. El cliente también puede escoger que la pieza llegue a mesa simplemente a la brasa, con una ajada o una vizcaína: lo escorpora al ajillo es toda una suculencia. Empezar la fiesta en mesa con los puerros escabechados con meunière de boletus, avellanas y brotes es otro acierto. Como también lo es disfrutar de uno de los emblemas de Familia Núria, los arroces.
Con presencia de los de marisco (de bogavante, de gamba roja), de carne (de lomo bajo de ternera con pimientos del Padrón) y de mar y montaña, con calamar a la brasa, tocino ibérico y boletus. A la Nuri Calafell le tenemos que agradecer que los arroces entraran a nuestra vida cuando en los años 80, en pleno éxito de su freidoría en la calle Aragó, decidió empezar a hacer arroces para aprovechar las patas de calamar que no usaba para sus míticos calamares a la romana.
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Los vinos son otro vehículo del disfrute a Anudara, visibles desde la bodega que recibe a los comensales. Cuenta con unas 100 referencias rotatorias con predominio de proyectos catalanes y vinos de gama alta conocidos por un público amplio, seleccionados por Xavi Nolla. La imagen bucólica del aroma salino, perfumando ollares, con buena cocina y buenos vinos, a una terraza con vistas (si procede, pues es todo confort), a Nuara es toda una realidad. Un sueño hecho realidad.