El ideal de cocina de montaña que todos tenemos en la cabeza es del de cazuelas, guisos y sopas típicas de la cocina tradicional. Pero en las montañas catalanas hay restaurantes de todo tipo que a menudo pasan desapercibidos; especialmente los que se ubican en el Prepirineo, la puerta de entrada a la alta montaña que guarda un producto y unos vinos excepcionales. En Tremp, capital del Pallars Jussà y municipio más grande de Catalunya, encontramos un restaurante regentado por jóvenes que ha recuperado un antiguo bar de carretera para consolidar un proyecto innovador basado en el producto de temporada y de proximidad.

Un negocio centenario

El Café de España lo inauguró en Tremp la familia del Llorenç Aguilar, el actual propietario, el año 1898. Después de toda una vida de actividad, el año 74 el Café se trasladó a la ubicación actual. Dos años más tarde, en el 76, cambió de manos, hasta el 2021, momento en que bajó la persiana. En 2023, sin embargo, Llorenç, junto con Ismael Ramírez, decidieron reanudar el proyecto y ahora hace casi dos años que regentan el Café de España con un aire renovado. Lo que fue un bar de pueblo durante toda una vida, ahora se ha convertido en un local joven, lleno de talento y con una apuesta decidía por los platos de la zona y el producto de proximidad.

Todos los platos, además de tener buena pinta, huelen también muy bien; una señal inequívoca de que el producto con el que trabajan es de calidad

Xatonada del Café España de Tremp
Xatonada del Café de España de Tremp / Foto: Oriol Foix Duaigües

Aunque se ubica en el centro de Tremp, en una zona de paso para los que suben de Balaguer hacia la Pobla de Segur, en el Café de España conviene ir con reserva. El local, con techos altos, un único comedor y la barra y la cocina al fondo, es luminoso y está decorado con cuadros y carteles que recuerdan el antiguo negocio de hace unos años. El espacio, como la oferta, es informal, sin manteles ni pretensiones; y el equipo, humilde y profesional, está formado por jóvenes con talento y muy trabajadores.

Producto de proximidad

Es sábado al mediodía y el comedor está lleno hasta arriba. Por suerte, tenemos mesa reservada y con Gerard —un ganadero de la zona de quien muy pronto oiréis hablar— tomamos posiciones para empezar a pedir. La carta es clara y sencilla, con una oferta que cambia cada dos meses y hecha solo con productos de proximidad. Empezamos la comida con las croquetas de pollo y setas, crujientes por fuera y cremosas por dentro. Seguimos con la xatonada, hecha con una escarola nada amarga y unos buenos trozos de pescado con los cuales no han escatimado. Acompañamos la ensalada con una sugerencia de Llorenç: la naranja con sardina fumada y pasta de aceitunas, una combinación curiosa y muy sabrosa. Seguimos con un clásico, la tortilla de patata hecha al momento, cremosísima por dentro y acompañada de unas rebanadas de pan con tomate, y probamos también las albóndigas de la casa, hechas con una salsa de tomate con un sabor muy casero. Todos los platos, además de tener buena pinta, huelen también muy bien; una señal inequívoca de que el producto con el que trabajan es de calidad.

Encontrar una cocina regentada por jóvenes que apuesten por los productos de la zona, y que lo hagan fuera de la gran ciudad, es un hecho poco habitual hoy en día

Plato de calçots en el Café España de Tremp
Calçots confitados con huevo y romesco del Café de España de Tremp / Foto: Oriol Foix Duaigües

Antes de llegar a los postres, probamos dos platos más "creativos". En ningún caso se trata de un restaurante de alta cocina, pero el Café de España es un local gastronómico que va un poco más allá de ser un bar tradicional. A diferencia de la mayoría de establecimientos de la zona, que sirven productos como los calçots y el cordero hechos a la brasa, aquí apuestan por darles un formato original en que resalte igualmente el sabor del producto. Los calçots, confitados y acompañados de un huevo hecho a baja temperatura y una buena salsa romesco, son un plato jugoso perfecto por mojar pan. Por otro lado, el cordero se sirve en pequeños tacos acompañados de encurtidos. Dos platos curiosos que preceden a unos postres caseros igualmente excepcionales: el tiramisú y las texturas de chocolate. Todo ello maridado con un vino tinto de la zona, un Nummulit negro de la bodega El Vinyer, de la DO Costers del Segre.

Las raciones del Café de España son abundantes y los precios son asequibles. La relación calidad precio es muy buena teniendo en cuenta que es uno de los únicos restaurantes del Pallars con una oferta de este estilo. Encontrar una cocina regentada por jóvenes que apuesten por los productos de la zona, y que lo hagan fuera de la gran ciudad, es un hecho poco habitual hoy en día. El futuro de la restauración pasa por proyectos jóvenes como este que prestigian el producto local y demuestran el talento de las nuevas generaciones en la cocina.